jueves, 3 de mayo de 2018

7. Estética (3ev)

gCuestiones importantes.

- Especificidad de la estética como disciplina filosófica. Explicar qué es lo especial de la estética, qué estudia, con qué no hay que confundirla.

- Enumerar y explicar los componentes de la experiencia estética.

- Citar y comentar los puntos de vista desde los que se puede considerar una experiencia estética.

- Plantear el problema de la fundamentación del juicio estético. De cómo lo subjetivo pretende ser objetivo.

- Platón: cómo resuelve el problema de la fundamentación del juicio estético.

- Hume: idem.

- Kant: explicar qué es una experiencia estética. Hay que situarla justo después de sentir y justo antes de saber lo que se siente.

- Los textos comentados.

- Historia de la experiencia de la belleza: Grecia, Edad Media, Neoclasicismo, Romanticismo y Época contemporánea.

1. Origen de la estética como disciplina filosófica específica.

El término "estética" procede del griego "aisthesis" (sensación, percepción sensible). Este término fue empleado por primera vez por el filósofo alemán Alexander Baumgarten (1714-1762) para designar a una disciplina filosófica que trataría del conocimiento vinculado a lo sensible, a lo concreto, aquel tipo de conocimiento que, según Baumgarten, se transmite a través de la poesía.

Con el tiempo este término acabó designando a la disciplina filosófica que trata del gusto, de la belleza natural, del arte y de las experiencias afines. Este tipo de experiencias fue englobado bajo una denominación general de experiencia estética.

2. Lo que no es la experiencia estética.

Como suele suceder con las cosas difíciles de definir, a veces resulta más fácil definir lo que no son que lo que son. En este caso, para empezar, la estética intentará de discernir que hay de específicamente estético en una experiencia, una vez separados de ella sus componentes morales, gnoseológicos, políticos o utilitarios.

Por lo tanto, la estética, como disciplina filosófica, reflexiona sobre las condiciones que hacen posible que una experiencia sea específicamente estética. Es decir, que esa experiencia pueda distinguirse de otro tipo de experiencias como:

- Una experiencia moral: por ejemplo, el sentimiento de culpa por haber obrado mal.

- Una experiencia gnoseológica: por ejemplo, el agradecimiento hacia quien nos ha hecho darnos cuenta de que ignoramos lo que creíamos saber.

- Una experiencia política: por ejemplo, el sentimiento de indignación ante una decisión judicial que nos parece injusta.

- Una experiencia utilitaria: por ejemplo, el sentimiento de satisfacción al comprobar que nuestro teléfono funciona bien.

3. Lo que sí es la experiencia estética.

Sin embargo, para poder definir bien algo, no basta con decir lo que no es, sino que también hay que intentar decir lo que es. Lo haremos de la siguiente manera:

- Las ideas de belleza a lo largo de la historia.

- Componentes dela experiencia estética.

-  Perspectivas de la experiencia estética.

3.1. La idea de belleza a lo largo de la historia.

Lo hemos dicho, la estética es la rama de la filosofía que reflexiona sobre la experiencia estética, aquella en la que captamos la belleza, la cual tiene en el arte su expresión humana privilegiada (o por lo menos así se ha entendido tradicionalmente). De ahí que "experiencia estética-arte-belleza" constituya una terna de conceptos relacionados entre sí hasta el punto de que su evolución histórica ha tenido lugar de forma acompasada.

a) La idea de belleza en la Grecia antigua.

Desde el nacimiento de la poesía en Grecia (Homero y Hesíodo con su poética épica), el poeta es concebido como maestro ético: así, la poesía unificaba el placer estético de un lenguaje bellamente presentado a unos contenidos pedagógico-educativos (existe una  instrucción ética para el ciudadano, a saber, el estudio de Homero y Hesíodo así como la asistencia a los concursos y certámenes poéticos y teatrales de la ciudad formaban parte esencial de la formación (paideia) del ciudadano griego). Por tanto, la poesía de Homero encanta, seduce, deleita y, también, forma y educa y promueva a la reflexión sobre el cosmos y sobre la condición antropológica y su realidad ético-política. El buen poeta es el que narra los hechos, los acontecimientos pasados, como si hubiera sido testigo inmediato y directo. El poeta es dispensado por la Musa, por inspiración o por don, a cierto conocimiento (de la que la Musa es poseedora), que son los hechos presenciados precisamente por la diosa. Este conocimiento inspirado o donado al poeta, posteriormente, es formalizado y presentado al público mediante una técnica. En Homero, se refleja la distinción entre el conocimiento poseído por las Musas (conocimiento total, absoluto y cierto de los hechos acontecidos) y lo que conocen los mortales, los hombres (fundamentado en meros rumores y conjeturas).

Gracias a las Musas, la poesía homérica porta y expresa conocimiento confiable sobre el pasado y no especulaciones, conjeturas o rumores. La razón es que la Musa presenció inmediatamente los hechos y los comunica, dispensándolo al poeta, otorgándole el canto. No obstante, al inicio tanto de la Ilíada como de la Odisea, es el poeta quien solicita por iniciativa propia a la Musa inspiración, proponiéndola incluso el tema. El poeta, reconocido social y culturalmente, logra que el público interprete y valore que éste expresa en sus composiciones poéticas "belleza de palabras y buen juicio, y nos has narrado sabiamente tu historia." (Homero. Odisea, Canto 11, 362-368)
El poeta, entonces, es tanto activp como pasovo, a saber, recibe un don divino, pero también muestra un saber, una habilidad compositiva (métrica, versificación, tonalidad, expresividad). El hecho de recibir conocimiento procedente de la Musa no convierte al poeta en un poseído o enajenado como señala Platón en el Ion. Platón objeta en el Ion el carácter cognoscitivo de la poesía, a saber, los poetas dicen cosas bellas pero sin saber, sin dar razón, de lo que dicen. Sócrates, en la Apología, señala que "me di cuenta, en poco tiempo, de que (los poetas) no hacían por   sabiduría lo que hacían, sino por ciertas dotes naturales y en estado de inspiración como los adivinos y los que reciben oráculos, (...) y que ellos, a causa de la poesía, creían también ser sabios respecto a las demás cosas sobre las que no saben." (Platón. Apología, 22c)

Para Platón, en República, "por la poesía no vale la pena descuidar la Justicia y otras partes de la virtud." (608b) Platón, por tanto, reflexiona sobre la poesía y el arte en general, en los límites establecidos por una filosofía moral y una ontología. Platón ve a la poesía como lo contrario al pensar filosófico riguroso, universal y conceptual. De este modo, las tragedias no conducen al conocimiento de las Ideas o Formas Inteligibles (como hace la Filosofía) sino que, por el contrario, crean confusión e impiden toda elevación intelectual. Cuando la poesía se propone las imitaciones de las conductas humanas, lo hace de todas ellas, a saber, con las pasiones, emociones y virtudes, pero también con los defectos y vicios. Platón sostiene en todo momento la eficiencia y superioridad de la ciencia y la filosofía a la hora de elevar las almas, frente al discurso poético y artístico. Por ejemplo, las imitaciones que produce y representa la tragedia (que son copias o imágenes devaluadas de lo real) fomentan  las tendencias más irracionales (irascibles y concupiscibles) dando lugar a sujetos carentes de autodominio, o dominados por las pasiones. Para Platón, el autodominio (egkráteia) significa poder, capacidad de uno mismo para manejar sus propios deseos.

La realidad natural, pudiendo ser caotica -un abigarrado amasijo de materia que se transforma sin pauta ni regularidad alguna-, no lo es. La realidad está ordenada. Lejos de ser  una masa informe, la realidad se organiza en estructuras permanentes caracterizadas por una forma determinada. La realidad podría transformarse arbitrariamente, pero lo hace de acuerdo a una misma métrica, a una perpetua armonía. De ahí que, para un griego, la belleza objetiva de la realidad consista en un orden, que se expresa en la forma y armonía que presiden la realidad. Además, esta propiedad objetiva es trascendental. Esto significa que la belleza, al ser una propiedad objetiva de la naturaleza, está presente en cada una de las cosas naturales: todo es, en mayor o menor medida, bello.

De lo anterior se deduce que, para el hombre griego, la experiencia estética consistía en la captación emocionada de esa propiedad objetiva y trascendental de las cosas en su orden, forma y armonía.

La finalidad del arte griego es representar la belleza. Al ser esta una propiedad objetiva de lo natural, es evidente que el canon del arte reside en la naturalidad. El arte es imitación de la belleza natural, mímesis, y la naturaleza se erige en la insuperable maestra del artista.

b) La estética cristiana.

La ordenada forma de lo real es la plasmación existencial de la idea del mundo que Dios tiene. Y es esta idea la perfecta y suprema fora de cada tipo de cosas. En la mente de Dios habita la idea de árbol perfeto, el animal perfecto, el ser humano perfecto..., que se realiza en el mundo por el acto creador de Dios. El reconocimiento de la belleza de las cosas del mundo nos lleva a desear la funete de esa belleza: el divino hacedor. El mundo es la obra de arte de Dios. La experiencia estética y religiosa tienen el mismo objeto, Dios.

Dios se convierte así en el modelo del artista. Pero Dios, como ser perfecto que es, excede la limitada capacidad de compresnión y expresión del hombre, criatura imperfecta. Por tanto, la obra de arte aspira a representar aquello que es de por sí irrespresentable. Ante esta paradoja, el arte cristiano se bifurca en dos direccioes: la primera consiste en renunciar a la representación directa de Dios y centrarse en la de su obra; la otra senda seguida por el arte cristiano consiste en la formidable tarea de intentar representar a Dios directamente.

c) La estética en el neoclásico.

 Con el Renacimiento y la Ilustración, nace el individuo. La belleza se subjetiviza y deja de ser una propiedad objetiva de las cosas (o de Dios), para pasar a ser esa sensación producida por unas cosas, y no por otras, a unas personas, y no a otras. Es decir, la belleza es entendida como "gusto". Y en cuestión de gustos, ya se sabe, nada hay escrito.

Sin embargo, cuando alguien dice "me gusta" pretende que su juico sea comprendido y compartido (intersubjetividad), lo que no sería posible si la experiencia estética fuera absolutamente subjetiva. De ahí que se desarrolle un canon racional, es decir, un conuunto de reglas que tratan de definir el "arte bello" (pr ejemplo las del teatro ilustrado, que exigen unidad de acción -contar una historia-, de espacio-evitar saltos de un escenario a otro, tan del gusto barroco- y de tiempo. Pero ese canon es patrimonio de la clase culta porque para tener buen gusto hay que estudiar y para estudiar hay que poder permitírselo. De ese modo el arte se convierte en una nota de distinción social.

d) La estética en el romanticismo.

El neoclasicismo orientó la belleza por el camino de la experiencia subjetiva. El romanticismo, da un paso hacia adelante en esta direccion y se lanzó a explorar toos los registros de la experiencia individual, pero no de la mano de la razón (como en el neoclasicismo), sino de la pasión. En esta empresa se topó con una nueva y singular manifestación de lo bello: lo sublime. Lo sublime se presenta al espíritu con una intensidad inusitada, casi violenta. Produce una suerte de anonadamiento, de incapacidad para reaccionar; deja al individuo sin recursos para sobreponerse a la experiecia. Lo sublime no conoce ningún limite y, por eso, transgruede toda norma, toda ley, toda moral.  A pesar de que supone una amenaza para quien lo experimenta y de que se presenta como terrible, lo sublime es inmensamente atractivo, seductor, embaucador. Pero los que tienen sensibilidad para reconocerlo y fortalezapara soportarlo, son contados: lo sublime es patrimonio del genio, no se puede enseñar aprendiendo un canon. El arte romántico se alimenta más bien de la búsqueda existencial de experiencias que pongan en juego la vida y la cordura. De ahí su tinte trágico (lo sublime mata o enloquece).

e) Estética, arte y belleza contemporáneas: las vanguardias.

A diferencia del romanticismo, para el que la libertad está vinculada a un proyecto estético (la expresión de lo sublime) y a un compromiso ético (su rebelión contra todo código moral establecido), la creación artística contemporánea aspira a una libertad absoluta, esto es, desvinculada de todo compromiso estético o ètico. En arte todo vale. Liberado de esos compromisos, el arte contemporáneo aspira a crear una obra pura, absoluta. La experiencia estética será entonces como un juego en el que se pone de manifiesto la libertad absoluta tanto del artista como del público: el autor ofrece al público el objeto artístico que le da la gana, y el público, a su vez, lo interpreta también como quiere.

El arte contemporáneo así entendido corre diversos riesgos que oscilan entre convertirse en objeto de disfrute para especialistas o en entretenimiento frívolo, desvinculado de las grandes cuestiones que afectan al hombre.

3.2. Componentes de la experiencia estética.

La experiencia estética es el estado emocional resultante de la contemplación desintersada de ciertos objetos sensibles por parte de un sujeto humano. Cuando esta experiencia nos resulta placentera decimos que el objeto es bello; cuando nos produce displacer, nos resulta desagradable, decimos que es feo. Cuando el sentimiento de placer va acompañado de una sensación de estar como desbordados y anonadados frente al objeto decimos de éste que es sublime.

En toda experiencia estética hay una serie de componentes:

a) La contemplación desinteresada.

Se afirma la belleza por sí misma. En la contemplación estética del objeto prescindimos de su utilidad, y del deseo de que tal cosa exista en el mundo. Eso diferencia la actitud estética de la técnica (que reduce a los objetos a instrumentos para su uso) y de la moral (que nos impulsaría a actuar con vistas a conseguir la existencia de sus objetos -fines últimos- como la felicidad).

El carácter "desinteresado" (que no indiferente) de la relación con el mundo que origina ese estado emocional estético, posibilita que afloren nuevos significados (nuevas formas de darse) de las cosas, que permanecen ocultos cuando nos mueven intereses científico-técnicos, morales o religiosos.

Que la experiencia estética surja de una contemplación desiteresada del objeto, no quiere decir que éste nos sea indiferente. Antes bien, la experiencia estética hace algo en nosotros:

- Según Aristóteles, colabora en nuestro conocimiento de la realidad y tiene un efecto purificador de las emociones.

- Para Schopenhauer nos libra de la ambición y el deseo, y nos proporciona un estado de paz.

- Según Nietzsche, hace soportable la via e intensifica nuestro sentido vital.

- Según Heidegger desvela el mundo, pone de manifiesto aquello que en el objeto es irreductible a las leyes científicas, y al carácter instrumental.

b) Los objetos sensibles.

Aquello con lo que tratan los individuos cuando están viviendo algún tipo de experiencia estética no son entidades de carácter universal, tales como leyes o conceptos, sino entidades particulares, que como tales tienen que ser percibidas sensorialmente o imaginadas con algún tipo de rasgo sensorial.

c) La emoción subjetiva.

Que la experiencia estética implique un estado emocional, lleva a sostener que en toda experiencia estética hay un componente subjetivo.

En efecto, la experiencia estética es siempre la experiencia de un indidivuo concreto. De modo que ante un mismo objeto, distintos individuos pueden tener distintas experiencias estéticas. La experiencia estética, a diferencia de la experiencia científica, no es objetivable, de modo que pueda ser entendida de modo abstracto por una multitud de individuos diferentes.

d) Pretensiones de objetividad.

Sin embargo, que la experiencia estética surja de una contemplación desinteresada lleva a la pretensión de que los juicios estéticos tienen un valor objetivo (en el sentido que, en tanto surgen de una contemplación desinteresada, no hay nada "personal" en nuestra relación con el objeto, por lo que la misma experiencia experiencia puede valer para cualquiera.

En efecto, los individuos que viven una determinada experiencia estética la hacen patente a través de juicios tales como "Esto es bello", "Esto es feo", "Esto es sublime", etc. Tales juicios no expresan un sentimiento subjetivo, sino que pretenden expresar cualidades del objeto. Esto es, quien percibe algo como bello o feo siente que lo que es bello o feo es el objeto en cuestión, no que la belleza o fealdad esté en su modo particular de percibirlo.

3.3. Perspectivas desde la que se puede considerar la experiencia estética.

Toda experiencia estética puede ser dividida desde tres perspectivas:

a) Desde una actitud receptiva.

Se trata del punto de vista de la mera contemplación del objeto estético. Es la perspectiva estética más abarcante dado que todos, incluidos creadores y críticos, somos en algún momento receptores de experiencias estéticas. Además, los objetos estéticos creados (esto es, el arte) tienen un campo menos abarcante que las experiencias estéticas posibles, pues existe también una belleza natural, y el sentimiento de lo sublime ante la enormidad de las formas naturales.

En tanto experiencia receptiva, el arte puede ser definido como "cualquier tipo de objetos producidos por el hombre que puedan suscitar una experiencia estética". Para ellos, es necesario una comprensión del carácter artístico de la obra. Lo artístico de la obra reside, según algunas teorías, en la capacidad de representar o simbolizar la realidad; según otras, en la capacidad expresiva de la obra; segùn un tercer tipo de teorías, en la estructura formal de la obra.

b) Desde una perspectiva creativa.

Es la perspectiva del artista.¿Cómo aparece en escena la obra de arte? ¿Qué es lo que hace que en un momento aparezca un David allí donde sólo había un trozo de mármol?

- El material.

- El trabajo y la técnica humanos.

- La idea de la obra en la mente del artista. Idea que, según la época histórica, se ha dicho que procede de imitar a la naturaleza, por inspiración divina o de la imaginación del genio.

c) Desde una perspectiva filosófica o crítica.

Es la perspectiva del que reflexiona sobre la experiencia estética. Se plantea problemas tales como:

c1) El problema de la fundamentación del juicio estético.

El carácter simultáneamente subjetivo (la experiencia estética es un estado emocional de un individuo) y objetivo (la contemplación estética es una contemplación desinteresada que no guarda una relación personal con el objeto) de la experiencia estética parece envolver una paradoja: ¿Cómo es posible que la experiencia estética sea una experiencia subjetiva y que, al mismo tiempo, prentendamos expresar esta experiencia mediante juicios universales, esto es, juicios tales como "X es bello"? Dicho de otro modo, ¿cómo es posible que la experiencia estética tenga, al mismo tiempo, un carácter subjetivo y pretensiones de objetividad?

Las respuestas a este problema han sido varias, y van desde considerar que la belleza tiene una naturaleza objetiva, hasta la consideración de que tales pretensiones de objetividad son infundadas.Veremos cómo analizan este problema los siguientes autores:

- Platón, que niega cualquier fundamentación subjetiva del juicio estético porque este no se basaría en el estado emocional de un sujeto.

- Hume, que, considera que el juicio estético es subjetivo, si bien prevalece el de los observadores privilegiados.

- Kant, que sostiene que no hay contradicción entre lo subjetivo y lo objetivo en el juicio estético. La experiencia estética es una experiencia subjetiva en el sentido de que nace de un modo de ser del sujeto, pero es una experiencia universalmente válida puesto que nace del libre juego de las facultades del conocimiento, facultades que son comundes a todos los hombres, y que -por lo tanto- pueden acceder al mismo libre juego.

c2 La experiencia estética y el arte.

Otro problema es el de la relación que guarda el arte con al experiencia estética en general. La experiencia estética abarca dos ámbitos: el de la belleza (y experiencias afines, como el sentimiento de lo sublime o de lo pintoresco producido por formanciones naturales) y el del arte. El campo del arte es, pues, más limitado que el de la experiencia estética: así, si designamos con el término estética a la disciplina que trata de las experiencias estéticas en general, la filosofía del arte puede ser considerada una rama de esas disciplina.

3.4. La fundamentación del juicio estético.

Se trata, como hemos dicho, del problema de la subjetividad u objetividad del juicio estético, uno de los problemas más importantes que se plantea la estética como disciplina filosófica.

a) Platón: eros y belleza.

Según Platón la belleza tiene una realidad objetiva, independiente por lo tanto de las opiniones y sentimientos de los hombres. La belleza no forma parte de las cosas sensibles, sino que se encuentra en ellas como de prestado: las cosas sensibles son bellas en tanto participan de la belleza en sí.

Platón plantea el problema de la belleza en conextión con el del deseo (eros=amor/deseo). Aquello a lo que el deseo aspira es la belleza. En esta marcha hacia la belleza el hombre (arrastrado por el eros) comienza buscándola en lo que le es más inmediato (en lo que tiene más a mano), en los cuerpos bellos. Pero la belleza no se da en ellos de modo puro. Por ello, el deseono se siente satisfecho y busca la belleza en el alma de los hombres, y en las producciones de ésta: primero en las acciones de los hombres y en las leyes, luego en las ciencias. Finalmente se verá conducido ante la "belleza en sí", lo que Platón llama la Idea de Belleza, donde la belleza se encuentra en estado puro, sin mezclarse con ninguna otra cosa. La belleza tiene, por lo tanto, una realidad objetiva, es una de las Ideas que integran el mundo inteligible.

b) Hume: juicio del gusto y experiencia.

En contraposición cn la concepción platónica de la belleza, Hume elabora una teoría de la belleza y el gusto de carácter subjetivista.

Hume define la belleza como un orden y disposición de las partes de las cosas que produce en nosotros placer y satisfacción. Por el contrario, calificamos de feo aquel orden o disposición que nos degrada.

Dado que la belleza descansa en nuestros sentimientos (de agrado, satisfacción) ante las características de ciertos objetos no tiene, ella misma, una realidad objetiva; no pertenece al objeto, sino qu surge de cierta relación entre los objetos y el sujeto. Por ello, un mismo objeto puede suscitar distintos sentimientos en distintos indidivuos; y, en consecuencia, que a uno le parezca bello lo que a otro le parece feo. No obstante, Hume sostiene que ni todas las opiniones son iguales en cuestión de gusto, ni todas las obras de arte tienen el mismo valor estético. Así, tienen un valor superior aquellas obras que, a lo largo de la historia, han sido consideradas más valiosas por los observadores cualificados. Observadores cualificados son aquellos que reúnen las siguientes cualidades:

Delicadeza.

Es la capacidad de detectar las diferentes cualidades del objeto a valorar (sea ritmo, color, armonía, etc.).

Práctica.

Consiste en el trato frecuente con obras y objetos que son valorados, por lo general, como bellos.

Ausencia de prejuicios.

Es la capacidad de abstraerse de todo lo que no sea la contemplación del objeto a valorar mismo.

Buen sentido.

Es la capacidad de percibir la obra a valorar en su conjutno, poniendo en relación las partes y descubriendo el sentido global de la mi sma.

c) Kant: lo bello place desinteresadamente.

Kant sostiene que no hay paradoja alguna en el hecho de que la experiencia estética tenga un carácter sujetivo y, al mismo tiempo, pretendamos que nuestros juicios del gusto tengan validez universal.

Llamamos juicio del gusto (o juicio estético) a la facultad de juzgar lo bello. Sin embargo, un juicio del gusto no es un juicio del conocimiento ya que no nos dice nada acerca de cómo es el mundo, sino que tan solo nos indica cómo nos sentimos ante un objeto del mundo.

Ante un objeto la imaginación reflexiona con el fin de saber qué es, es decir, busca el concepto que le corresponde. Al hacerlo, la imaginación prescinde de la materia del objeto en cuestión (impresiones) y se fija en su forma ( el orden, la estructura que organiza esas impresiones de una determinada forma). En el momento en que la imaginación contempla la forma del objeto, la imaginación ya sabe que que acabará encontrando un concepto. Es decir, una vez que en el objeto concreto descubrimos un orden, ya sabemos que ese orden responderá a un concepto, aunque de momento no sepamos a qué concepto va a responder. Pues bien, la presencia de esa forma le descubre al sujeto algo esencial (incluso antes de saber a qué concepto responde esa forma). Le descubre que hay una armonía entre la sensibilidad y el entendimiento. ¿Por qué? Pues porque a través de la sensibilidad el hombre conoce los objetos materiales y a través del entendimiento descubre conceptos bajo los que encuadrar esos objetos. Esa forma que descubrimos en el ojeto es lo que percibimos como belleza y esa armonía de las facultades que nos descubre la belleza la vivimos con sentimiento de placer, de complacencia.

Kant distingue entre placer sensible (o deleite) y placer estético. Hay placer sensible cuando el placer es producido por un estímulo de nuestros sentdios. El placer estético, sin embargo, no es producido por estímulo sensible alguno, sino tan solo por la la costatación de la armonía entre las facultades. El placer sensible y el placer obtenido por la satisfacción del cumplimiento de un deber son intersados. Quiere decir que la existencia del objeto (que me estimula o el fin que quiero conseguir con mi comportamiento moral) es importante para mí. Sin embargo, el placer estético es desinteresado. Esto quiere deir que la existencia del objeto me es indiferente, ya que lo que me produce satisfacción es la armonía de las facultades que me descubre la contemplación de la forma del objeto.

Pues bien, dado que el juicio estético es un juicio desinteresado, en el que, por lo tanto, no estoy implicado a título personal, no hay razón alguna para que no sea aceptado por todos los demás hombrs, ya que tampoco para ellos hay intereses individuales de por medio. El juicio nace simplemente de una constatación de la armonía de las facultades de concoer; facultades que son las mismas en todos los hombres, razón por la que esta armonía puede darse igualmente en cualqueir otro hombre.

Immanuel Kant. Observaciones sobre el sentimiento de lo bello y lo sublime.

"Cierto es que lo agradable y lo bueno parecen, en muchos casos, ser lo mismo. Diráse así comúnmente que todo deleite (sobre todo, el duradero) es bueno en sí mismo, lo cual significa, próximamente, que lo agradable duradero y lo bueno son lo mismo. Pero puede notarse pronto que esto es sólo una defectuosa confusión de palabras, porque los conceptos característicos que dependen de esas expresiones no pueden, de ningún modo, trocarse uno por otro. Lo agradable, que, como tal, representa el objeto solamente con relación al sentido, tiene que ser colocado, mediante el concepto de un fin, bajo principios de la razón, para llamarle bueno como objeto de la voluntad. Pero si lo que deleita lo llamo al mismo tiempo 'bueno', resulta entonces una relación totalmente distinta con la satisfacción; y es fácil verlo, porque en lo bueno viene siempre la cuestión de saber si es sólo medìata o inmediatamente bueno (útil o bueno en sí), y, en cambio, en lo agradable no hay cuestión alguna sobre esto, puesto que la palabra significa siempre algo que place inmediatamente (del mismo modo que ocurre también con lo que llamo bello)".

4. La experiencia estética y el arte.

Hay arte cuando un objeto producido por el hombre suscita una experiencia estética.

4.1. El problema de la comprensión de la obra de arte.

Para que la obra de arte suscite una experiencia estética necesita de un resquisito previo que no es necesario ante la belleza natural. La obra de arte necesita ser comprendida. Así, puede gustarnos o no gustarnos el espectáculo del mar rompiendo contra las rocas en las Rías Bajas, o un atardecer contemplado desde las murallas de la Alhambra. Pero parece no tener mucho sentido que nos pregunten si las entendemos o no. Sin embargo, por lo general consideramos que es necesario entender un cuandro de Picasso, o una sinfonía de Mahler, para poder apreciarlos. Si esta afirmación es correcta, ¿puede ser educada la sensibilidad artística? Algunas teorías estéticas sostienen que no sólo el arte ha de ser comprendido, sino que los propios valores estéticos de la naturaleza sólo pueden ser apreciados tras un proceso educativo. Esto es lo que dice, por ejemplo, Gadamer (filósofo alemán nacido en 1900), cuando sostiene que "miramos la natuarleza con ojos educados por el arte. El problema en todo caso es ¿cómo se comprende una obra de arte?

José Luis Pardo. In other words

"La idea de que el arte moderno está vacío de todo contenido positivo es una forma de apreciar su originalidad: podría decirse, más ajustadamente, que el arte moderno es indiferente a todo contenido (pues puede convertir cualquier contenido en motivo artístico), precisamente porque su terreno es el de la forma. En este punto el arte moderno es algo tan novedoso que probablemente inaugura un sentido del término “arte” que en buena medida es incompatible con lo que así llamamos cuando nos referimos a otras épocas o culturas, bien porque en ellas se hablaba de “artes” pero no de “Arte” o de “bellas artes”, bien porque aunque hoy alojemos sus productos en nuestros templos para el Arte (museos y similares), claro está que no fueron producidos en su momento como “obras de arte” en el sentido moderno, aunque ya no podamos entenderlas de otra manera. Y esa “otra manera” como se entendían las obras (por ejemplo, de la antigüedad) en su contexto histórico-geográfico propio consiste, al menos entre otras cosas, en que su apreciación como obras era en muy buena medida inseparable de su contenido. El arte moderno ha consistido, entre otras muchas cosas, en erosionar sistemáticamente la idea de que hay contenidos artísticos y otros no-artísticos, transgrediendo una y otra vez la prohibición de representar tales o cuales contenidos por “no-artísticos”, hasta evadirse en algunos casos de la idea misma de “representación”, o al menos convertirla en representación de nada. Precisamente por ello —por ser un asunto que compete a la forma y no al contenido-, desde que hay arte moderno este trata en general no de tal o cual contenido, sino de qué es aquello que es constitutivo del arte en cuanto tal (que es la materia de la que se ocupa la Estética), aunque esto sólo se note, o se note más (incluso hasta demasiado) en sus estribaciones últimas. Pero urge decir que este devenir moderno del arte es paralelo a lo que podríamos llamar (abusando mucho de los términos) el devenir moderno de la vida, o al menos de los tiempos, pues también los tiempos modernos se definen por su absoluta independencia con respecto a contenidos concretos (y en esto, justamente, difieren cualitativamente de los tiempos antiguos), e igualmente el derecho (en cuanto ordenación de la vida civil y política) considera a los hombres formalmente, “vacíos de todo contenido positivo” que no sean los derechos y obligaciones que la ley les atribuye. Está muy bien, por tanto, decir que los “contenidos positivos”, vistos con ojos modernos, son necesariamente ruinas, sobre todo porque eso significa que no pueden ser “aprovechados” o “reciclados” del todo. Claro está que cualquier cosa que construimos la construimos sobre las ruinas del pasado y, por tanto, sobre esos contenidos que han quedado arruinados en cuanto contenidos. El Estado liberal se construyó sobre las ruinas de las Monarquías de Derecho divino, pero precisamente asegurándose de que esas ruinas no pudieran nunca reconstruirse o resucitar ni ser otra cosa que ruinas (El Estado británico entierra con honores de Rey a Ricardo III, pero no estaría dispuesto a admitir en Buckingham a uno capaz de cambiar su reino por un caballo). Construimos siempre sobre lo ya construido (y nuestra construcción es en parte su destrucción), pero no podemos (los modernos) vivir sin ruinas: no podemos no tener pasado, ni tampoco recuperarlo plenamente. La solidez de todo lo que construimos depende de sus fundamentos, y por tanto la mera idea de que sea posible construir presupone un contar con lo que ya ha sido hecho como condición ineludible para que lo que nosotros hagamos se sostenga siquiera un poco. Y, ciertamente, no podemos hacer nada para que lo que ya ha ocurrido no haya ocurrido, pero (los modernos, los que ponemos en cuestión el valor del pasado) no damos nunca por zanjada del todo la cuestión de qué fue lo que ocurrió en el pasado (la permanente abertura de esa cuestión es la historiografía científica). Por eso mismo, quizá a diferencia de los antiguos, nosotros no podemos tener nunca unos cimientos sólidos que sean “inamovibles”, porque lo nuestro es la conmoción perpetua, por así decirlo, o sea, la búsqueda infatigable de un fundamento seguro que sabemos que nunca hallaremos."

4.2. El carácter reproductivo de la obra de arte.

Walter Gropius (Harvard, 1939).

" Tengo para mí que todo ser humano es capaz de concebir la forma. El problema no me parece en modo alguno la existencia de la capacidad creadora. Sí, y en mayor grado, el lograr la clave que la ponga en libertad.".

El objeto artístico es siempre algo producido por el hombre. Y la pregunta es, ¿cómo aparece en escena dicho objeto? Obviamente dos condiciones indispensables son el trabajo y la técnica humanos. Pero es igual de obvio que no basta con estas dos condiciones. Si así fuese, cualquier cantero hábil podría producir todo tipo de obras maestras de la escultura. Pues bien, la idea de la obra tiene que estar ya en la mente del artista. Pero, ¿de dónde sale esta idea previa? Las respuestas han sido varias:

a) De la propia naturaleza, ya que el arte no sería más que imitación.

El arte nace, según Platón, de la capacidad de imitar ("mimesis") los productos de la naturaleza. El arte no es, por lo tanto, más que una copia de la naturaleza. Pero dado que la naturaleza no es sino una copia del mundo de las ideas, el arte resulta ser una copia de una copia. Por esta razón, el arte es despreciado por Platón.

Aristóteles coincide con Platón en considerar que el arte tiene su origen en la imitación; pero discrepa de su maestro en la valoración que el arte le merece. En su obra "Poética" sostien que de la imitación obtiene el hombre tres beneficios: placer, conocimiento y purificación de las emociones penosas.

- Placer: el hombre tiende por su propia naturaleza a imigar cosas y acciones. Esta tendencia a la imitación es tan satisfactoria para el hombre que "cosas que vemos con desagrado en el original nos causan placer cuando las contemplamos en imágenes como ocurre, por ejemplo, con la representación de animales muertos".

- Conocimiento: a través de la imitación aprendemos acerca de las cosas imitadas. Además, la poesía no narra sucesos históricos concretos, sino que más bien describe "tipos" humanos y prototipos de acción, con lo cual nos da cierto tipo de conocimiento universal acerca del hombre.

- Catarsis: ¿cómo puede ser que el hombre disfrute contemplando escenas de horror y destrucción? La tragedia muestra escenas de horror, efectivamente, pero al ser meramente representadas el espectador puede mantener un cierto distanciamiento frente a ellas. Distanciamiento que, por un lado, permite que el espectador se sienta a salvo de la situación trágica, pero, al mismo tiempo, le introduce en la representación lo suficiente para que suscite emociones penosas en él. Esas emociones en un contexto inofensivo permiten que el espectador purgue esas emociones.

b) Por inspiración divina.

El artista es inspirado por los dioses. El artista es un "medium" a través del cual los dioses hablan.

c) De la imaginación y el genio.

En el mundo moderno y contemporáneo se rechazan ambas explicaciones. La primera, porque se prima la originalidad en el arte, la simple imitación es cosiderada no arte. La segunda porque con el triunfo de las ciencias modernas la naturaleza es desdivinizada. En lugar de ambas explicaciones, el mundo moderno atribuye un papel central a la imaginación y al genio.

Immanuel Kant. Crítica del juicio Prolegómenos a toda metafísica del porvenir. Observaciones sobre el sentimiento de lo bello y lo sublime.

"El gusto es, como el Juicio en general, la disciplina (o reglamentación) del genio: si bien le corta mucho las alas y lo hace decente y pulido, en cambio, al mismo tiempo, le da una dirección, indicándole por dónde y hasta dónde debe extenderse para permanecer conforme a un fin, y al introducir claridad y orden en la multitud de pensamientos, hace las ideas duraderas, capaces de un largo y, al mismo tiempo, universal aplauso, de provocar la continuación de otros y una cultura en constante progreso. Así, pues, si en la oposición de ambas cualidades, dentro de un producto, hay que sacrificar algo, más bien debería ser en la parte del genio, y el Juicio, que en las cosas del arte bello tiene pretensión a principios propios, permitirá más bien que se dañe a la libertad y a la riqueza de la imaginación que no al entendimiento".

José Luis Pardo. In other words.

"Y, aunque la queja más popular contra el arte contemporáneo consista en acusarle de fealdad en el sentido (antiguo) de “imperfección objetiva”, quizá su más profundo feísmo se relacione más bien con su rechazo de la belleza en el sentido (moderno) de “placer subjetivo puramente artístico”, hasta el punto de que podría decirse que se llega a ser artista contemporáneo a través de una carrera sembrada de “atentados simbólicos” que, ahora, ya no se dirigen contra el orden establecido de la representación (puesto que cada vez está menos claro que haya un orden de este tipo o en qué consiste) sino precisamente contra el arte como institución, entre cuyos muros medio demolidos vive a su pesar el artista contemporáneo, tomado por lo que precisamente ya no quiere ser, a saber, ornamento de un poder público o recremento de poderes privados: testimonio de ello son los sucesivos y concurrentes intentos de negación de la voluntad artística —el artista contemporáneo, a diferencia del moderno, no quiere ser artista o autor— o la pretensión de disolver la categoría misma de obra (creando productos visuales que no sean “cuadros” susceptibles de ser conservados en museos, productos sonoros que no sean “canciones” susceptibles de ser repetidas o reproducidas, productos gráficos que no sean “libros” susceptibles de ser catalogados en bibliotecas, entre otros muchos ejemplos), y también el hecho de que un celebrado pensador posmoderno y un artista contemporáneo de gran talla hayan podido concebir la peregrina idea de que los atentados de Septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas de Nueva York son “la mayor obra de arte contemporáneo”."

Nuestra actitud ante las imágenes está profundamente marcada por el doble exceso (de sobrevaloración, de subvaloración) del que las emociones mismas son objeto. Por un lado, las imágenes serían el lugar epifánico de nuestras emociones más atemporales: simpatizamos, empatizamos, nos extasiamos ante ciertas imágenes, gritamos y empatizamos con sus gritos silenciosos, para olvidar, muy a menudo, ‘el pensamiento que ellas construyen’ con método. Por otro lado, las imágenes serían el lugar oscurantista de nuestras emociones más inconfesables: desconfiamos, nos apartamos de ciertas imágenes, protestamos ante sus gritos silenciosos, para olvidar, muy a menudo, ‘el pensamiento que ellas hacen temblar’ con potencia […]

[…] Aby Warburg inició su construcción de una antropología histórica de las imágenes íntegramente articulada en torno a las “supervivencias” (“Nachleben”) de las que son capaces las antiguas “fórmulas de pathos” (“Pathosformeln”), es decir, en torno a los avatares temporales de emociones fundamentales mediatizadas en las imágenes. Recogió todo esto en las planchas de su ‘Bilderatlas Mnemosyne’, inconcluso a su muerte. En toda imagen Warburg buscaba, pues, el gesto humano; en todo gesto buscaba la “fórmula”, es decir, la combinación específica (culturalmente especificada) de emociones capaces de asociarse o confrontarse, según una dinámica estructural e histórica que denominaba “polarización-despolarización”. Es lo que podemos ver, por ejemplo, en la plancha 42 de su atlas, consagrada a la “inversión energética del pathos del sufrimiento” (‘Leidenspathos in energetischer Inversion’), en la que los gestos del duelo saben a veces transformarse en gestos del deseo, como en el caso de la Magdalena exaltada al pie de la cruz.

Se trata, en consecuencia, tanto de las emociones mismas como de las imágenes que las vehiculizan. Ambas definen un vasto “campo de conflictos” donde el impoder lucha con el poder, la singularidad con la comunidad, la antigüedad con sus transformaciones ulteriores, el sí con el no, etc. No sorprende entonces que las últimas planchas del ‘Bilderatlas Mnemosyne’ sitúen toda la dialéctica de las imágenes en un contexto político en el que la aclamación de las multitudes ante la procesión eucarística de Roma en 1929 (en el preciso momento en el que el dictador Mussolini y el Papa Pío XI firmaban su Concordato) coexiste con grabados antisemitas de la Resistencia y una representación, paradójica en semejante contexto, de ‘La Esperanza’ pintada por Giotto […]

4.3. Arte y consumismo.

Herbert Read. Al diablo con la cultura.

"La indiferencia es endémica. Es una enfermedad que se ha extendido a todo el cuerpo de nuestra civilización y que denota pérdida de la vitalidad. La sensibilidad está embotada: el hombre común ya no desea sentir el agudo filo de la vida; no quiere ya frescura de imaginación, exaltación y vivacidad de los sentidos. Prefiere arrastrar la existencia metido en la armadura del hastío y el cinismo; parar los golpes de la desesperación con el escudo de la frivolidad. Si es rico, podrá pagarse diversiones que aplaquen sus nervios excitados sin ocupar su mente ni avivar su imaginación. Si es pobre, se sumergirá en las baratas fantasías de Hollywood, que le permiten asomarse a la deslumbrante existencia de los ricos; o tirará sus ahorrillos en las apuestas de fútbol, con la ilusión de poder, también él, gastar algún día a manos llenas. Pero, rico o pobre, lo consume la misma fiebre de escapar de la realidad y, sobre todo, del arte, espejo que reproduce, acentuándola, la realidad de la vida".

1ª ¿Qué característica de nuestra civilización señala el autor? ¿Cómo la define?
2ª ¿A qué facultades afecta y de qué manera?
3ª ¿Qué efectos tiene?
4ª ¿Nos cura el consumismo de esos efectos?
5ª ¿Cómo define el arte?
6ª ¿Por qué se oponen arte y consumismo?

4.4.  Arte y psicología.

Emil Cioran. Conversaciones.

"Si les comprendo bien, me preguntan ustedes por qué no he elegido rotundamente el silencio, en lugar de merodear en tomo a él, y me reprochan explayarme en lamentos en lugar de callarme. Para empezar, no todo el mundo tiene la suerte de morir joven. Mi primer libro lo escribí en rumano a los veintiún años, prometiéndome no volver a escribir nada más. Luego escribí otro, seguido de la misma promesa. La comedia se ha repetido durante más de cuarenta años. ¿Por qué? Porque escribir, por poco que sea, me ha ayudado a pasar los años, pues las obsesiones 'expresadas' quedan debilitadas y superadas a medias. Estoy seguro de que si no hubiese emborronado papel, me hubiera matado hace mucho. Escribir es un alivio extraordinario. Y publicar también. Esto les parecerá ridículo y, sin embargo, es muy cierto. Pues un libro es vuestra vida, o una parte de ella, que se os hace 'exterior'. Se desprende uno de todo lo que ama y sobre todo de todo lo que detesta en uno mismo. Iré más lejos, si no hubiese escrito, hubiera podido convertirme en un asesino. La expresión es una liberación. Les aconsejo que hagan el ejercicio siguiente: cuando odien a alguien y sientan ganas de liquidarle, cojan un trozo de papel y escriban que Fulano es un puerco, un bandido, un crápula, un monstruo. En seguida advertirán que ya le odian menos. Es precisamente lo mismo que yo he hecho respecto a mí mismo. He escrito para injuriar a la vida y para injuriarme. ¿Resultado? Me he soportado mejor y he soportado mejor la vida.

1ª Estaría de acuerdo Cioran con al definición de Herbert Read según la cual el arte "es el espejo que reproduce, acentuándola, la realidad de la vida"?
2ª Crees que la literatura para Cioran cumple la misma misión del consumismo que nos haría olvidar el hastío de la indiferencia ante la vida?
3ª ¿El arte es un medio para expresar lo que se siente?

4.5. El arte como profecía.

Franco "Bifo" Berardi. Fenomenología del fin.

"Si intentamos cartografiar una fenomenología del panorama estético contemporáneo, notaremos que impera una imaginación profética oscura. La profecía no es una predicción abstracta del futuro, sino que tiene que ver con la inminencia.

La inminencia es aquello que el presente deja ver sobre el futuro, el horizonte desde el cual el presente revela una posibilidad en ciernes (...) No hay trascendencia envuelta en ella. Toda evolución posible ya está aquí. Pero las posibilidades son muchas y diferentes.

La inmanencia es la cualidad de estar dentro del proceso. Es la inherencia de una cosa en la otra. El futuro está inscripto en la presente estructura del mundo como un abanico de posibilidades, como una tendencia que podemos imaginar, sentir y percibir aunque no podamos verla claramente. La profecía es, de hecho, una suerte de premonición, un sentido vibratorio de la intuición que nos permite sentir el futuro como una tendencia. El actual estado del mundo puede ser descripto como la concurrencia vibratoria de muchas posibilidades (...).

La relación entre los estados del mundo, entre el ahora y el mañana, el presente y el futuro no es una relación de necesidad. El presente no contiene al futuro como un desarrollo lineal. El surgimiento de una forma entre las muchas posibles es el efecto provisional e inestable de una polarización, es la fijación de un patrón. En el campo social, la emergencia de una forma es el efecto de una reducción en la aleatoriedad de la subjetividad.

La sensibilidad estética consiste en una sintonización dentro de la pluralidad vibratoria de posibilidades y en la detección de una inclinación factible en términos de su evolución (...).

En la producción estética contemporánea resulta fácil detectar signos de un Zeitgeist oscuro. El Zeitgeist, el espíritu del tiempo, involucra una percepción de la inminencia.

En la fenomenología estética de nuestro tiempo se halla ampliamente en juego una imaginación apocalíptica. El arte, la poesía, la literatura, la música y el cine dibujan un paisaje de oscuridad inminente: involución social, decadencia física y neurototalitarismo."

4.6. Schopenhauer: arte como calmante de la voluntad de vivir.

Schopenhauer considera que la realidad es en el fondo un impulso ciego e irracional a la existencia, impulso al que llama voluntad. Esa voluntad se objetiva en forma de Ideas. Schopenhauer llama Ideas a formas universales y permanentes, tales como las que están a la base de las especies animales, o fuerzas naturales como la gravedad. Así, la voluntad de vivir arrastra a los jilgueros individuales a construir un nido y procrear para dar origen a nuevos jilgueros. "Jilguero" es, pues, una de las Ideas en que cristaliza la voluntad.

La voluntad es una, pero cristaliza en forma de multitud de Ideas, y aún de seres individuales arrastrados cada uno de ellos por un mismo impulso ciego. Al ser arrastrados por esa voluntad que les constituye, los individuos entran en una especie de guerra de todos contra todos por la existencia, convirtiendo el mundo en un lugar espantoso de dolor y sufrimiento constantes.

Los hombres, al igual que el resto de la Naturaleza, están arrastrados por esa voluntad que se manifiesta en forma de deseo, ambición, etc. La razón y el entendimiento (que son instrumentos que posee el hombre al servicio de esa voluntad ciega de vivir) construyen una visión irreal del mundo, una pura apariencia que, no obstante, es útil a esa voluntad de vivir. La razón y el entendimiento organizan la realidad en forma de un entramado de relaciones espaciales, temporales y causales. A ese entramado de relaciones espaciales, temporales y causales le llama Schopenhauer representación, ya que el mundo organizado de ese modo es una representación mía. (Dado que espacio, tiempo y causalidad no son nada real sino algo que yo -es decir, cada sujeto humano- pone para organizar la realidad).

4.7. Nietzsche: el arte como estimulante de la vida.

4.8. Heidegger: el arte como modo de desvelar el ser de las cosas.

 5. La imagen.

5.1. Benjamin: el valor de la exposición.

Giorgio Agamben. Profanaciones.

"Quien esté un poco familiarizado con la historia de la fotografía erótica sabe que, en sus inicios, las modelos mostraban una expresión romántica y casi soñadora, como si el objetivo las hubiera sorprendido en la intimidad de su ‹‹boudoir››. A veces, lánguidamente recostadas sobre un canapé, fingen dormir o incluso leer (...) En otras ocasiones, el fotógrafo indiscreto las ha pillado justo cuando, a solas consigo mismas, se miran al espejo (...) Pero poco después, simultáneamente a la absolutización capitalista de las mercancías y el valor de cambio, la expresión se transforma y se vuelve descarada, las poses se complican y se dinamizan, como si las modelos exagerasen de forma intencionada la indecencia; exhibiendo, de este modo, su conciencia de estar expuestas al objetivo. Sin embargo, este proceso no ha alcanzado su estadio extremo hasta nuestro tiempo. Los historiadores del cine registran como una novedad desconcertante la secuencia de "Un verano con Mónica" (1952), en la que la protagonista mantiene inesperadamente la mirada fija durante algunos segundos en el objetivo (‹‹aquí, por primera vez en la historia del cine -comentó retrospectivamente su director, Ingmar Bergman-, se establece un contacto desvergonzado y directo con el espectador››). Desde entonces hasta ahora la pornografía ha vuelto banal ese procedimiento: las pornostars, en el acto mismo de ejecutar sus caricias más íntimas, miran resueltamente al objetivo, mostrando más interés en el espectador que en sus partners.

De este modo se cumple plenamente el principio que Benjamin había enunciado en 1936: ‹‹[...] lo que en estas imágenes sirve de estímulo sexual no es tanto la visión de la desnudez cuanto la idea de la exhibición del cuerpo desnudo frente al objetivo.›› Un año antes, para caracterizar la transformación que la obra de arte sufre en la época de la reproductibilidad técnica, Benjamin había creado el concepto de ‹‹valor de exposición››. Nada mejor que este concepto podría caracterizar la nueva condición de los objetos e incluso del cuerpo humano en la edad del capitalismo consumado."

5.2. Realidad y representación.
Hito Steyerl. Los condenados de la pantalla.

"(...) Muchas personas, a estas alturas, abandonan la representación visual. Sus instintos (y su inteligencia) les dicen que las imágenes fotográficas o en movimiento son peligrosos dispositivos de captura del tiempo, del afecto, de las fuerzas productivas y de la subjetividad. Te pueden encarcelar o avergonzarte para siempre; te pueden atrapar en monopolios de hardware y en problemas de conversión, y lo que es más, una vez que estas imágenes están publicadas online ya nunca serán borradas. ¿Alguna vez te han fotografiado desnudo?Felicidades: eres inmortal. Esta imagen te sobrevivirá a ti y a tu descendencia, demostrará ser más resistente que la más robusta de las momias, y ya viaja al espacio exterior esperando dar la bienvenida a los extraterrestres.

El viejo miedo mágico a las cámaras se reencarna así en el mundo de los nativos digitales. Pero en este entorno, las cámaras (que los nativos digitales han sustituido por iPhones) no se llevan tu alma, sino que consumen tu vida. De forma activa te hacen desaparecer, encoger, desnudar y necesitar una cirugía ortodóncica urgente. Pensar que las cámaras son herramientas de representación supone en verdad un malentendido: son, en el presente, herramientas de desaparición. Cuanto más se
representa a la gente, menos queda de ella en realidad."
 
6. La imaginación.

6.1. La imaginación y el sentido de la vida.

José Ortega y Gasset. Misión de la Universidad y otros ensayos afines.

"Pero esto quiere decir que nuestra vida es, por lo pronto, una fantasía, una obra de imaginación. Y, en efecto, en todo instante tenemos que imaginar, que construir mediante la fantasía lo que vamos a hacer en el inmediato. Sin esa intervención del poder poético, es decir, fantástico, el hombre es imposible. Como ustedes ven, seguimos cayendo en sospechas estupefacientes. Esta, casi, casi, nos forzaría a afirmar que la vida humana es un género literario, puesto que es, primero y ante todo, faena poética, de fantasía".

Julián Marías. Antropología metafísica. La estructura empírica de la vida humana.

«Si no hubiera más que "hechos", no tendría sentido hablar de azar; habría que decir: lo que pasa, eso pasa. Pero la vida, cualquiera que sea su "facticidad" —concepto del que ha abusado la filosofía contemporánea—, ni es un hecho ni se reduce a hechos. La vida es futuriza, anticipación de sí misma desde el presente y, por tanto, es primariamente una realidad imaginaria o, mejor, imaginativa. Vivir es previvir; este apriorismo esencial de la vida es posible gracias a la imaginación en que la vida se proyecta vectorialmente. Este es el ámbito en que el azar humano existe. En el sistema de nuestros proyectos de todo orden, imaginativamente prevividos, se "aloja" el azar; y la vida consiste en la constante rectificación de sus proyectos 'en vista del azar', como el jugador de ajedrez modifica incesantemente las jugadas planeadas, en vista de las que hace el contrario»

6.2. La imaginación y la política.

José Luis Pardo. La imaginación en el poder

"Y aunque en tiempos de Descartes los artistas tenían un rango social secundario y servil (como lo tenía la propia imaginación: una facultad auxiliar del conocimiento a la que la razón debe mantener embridada y sometida para evitar sus excesos, que conducen al error o al delirio), cuando ese estatuto se modifique y su actividad entre a formar parte del saber superior y de la nobleza profesional de la sociedad moderna, este mismo cambio de nivel indicará un ennoblecimiento de las imágenes y de la imaginación, cuya capacidad de negar lo real, de trascenderlo, de desviarse de ello o de traicionarlo empezará a ser vista como una potencia positiva y no simplemente negativa, como una función de la libertad, o sea, del poder de la subjetividad para abandonar las cadenas de lo dado y de lo fáctico y escapar hacia lo posible e incluso hacia lo imposible, en el orden de un futuro no predeterminado ni previsible."

John Dewey. Democracia y educación. Una introducción a la filosofía de la educación.

"Así como la vocación de un hombre como artista no es sino la fase acentuadamente especializada de sus diversas y variadas actividades voca­cionales, así su eficiencia en ella, en el sentido humano de la palabra, está determinada por su variación en otras reacciones. Una persona debe tener experiencia, tiene que 'vivir', si su arte ha de ser más que una realización técnica. No puede encontrar la materia de su actividad artística dentro de su arte; éste tiene que ser una expresión de lo que sufre y goza en otras relaciones, cosa que depende a su vez, de la viveza y simpatía de sus intereses. Lo que es verdad del artista lo es de toda otra vocación especializada. Hay, indudablemente —de acuerdo generalmente con el principio del hábito—, una tendencia en cada vocación directiva a hacerse demasiado dominante, demasiado exclusiva y absorbente en su aspecto especializado. Esto significa una acentuación de la habilidad o del método técnico a expensas del significado. De aquí que no sea misión de la educación fomentar esta tendencia, sino más bien defendernos de ella, de suerte que el investigador no sea meramente un científico, el maestro meramente un pedagogo, el clérigo meramente un hombre que lleva hábitos y así sucesivamente"

Georges Didi-Huberman. Pueblos en lágrimas, pueblos en armas.

http://shangrilaediciones.com/producto/pueblos-en-lagrimas-pueblos-en-armas/

Imagen: Aby Warburg, ‘Bilderatlas Mnemosyne’, 1927-1929.

jueves, 12 de abril de 2018

Nietzsche: el problema de Dios.


1. La escisión entre razón y vida.

La filosofía de Nietzsche hace de la vida la fuerza primigenia y el criterio de valor a bsoluto. Este vitalismo le lleva a criticar radicalmente la cultura occidental, que está en decadencia porque ha adoptado una actitud intelectual contraria a la vida.

1.1. Apolo y Dionisos.

Nietzsche comienza por una crítica a la filosofía: los griegos hiciero soportable el carácter terrible de la existencia (simbolizado por Dionisos, dios de la vitalidad desbordante, creadora, aunque cruel y destructiva), creando un bello mundo ilusorio de representaciones artísticas (simbolizado por Apolo, dios luminoso del orden, la regularidad, lo mesurado y formalmente perfecto). A su síntesis perfecta entre lo apolíneo y lo dionisíaco, es decir, entre razón y vida, unidas en un ùnico mundo en constante devenir (Heráclito), le puso fin Socrates, que inició un modelo de filosofía que potencia en exceso la razón. Platón acentuó ese error al inventar el "mundo verdadero" de las ideas, opuesto al mundo del devenir sensible, que desde entonces fue visto como "engañoso", "aparente".

Este error se produjo porque Platón consideró el lenguaje algo autónomo, como si los conceptos universales designasen seres superiores al mundo real y existentes por sí mismos, cuando en realidad tanto el lenguaje como la razón son instrumentos al servicio de la vida. De este "culto a la gramática" surgieron la metafísica y la ciencia, saberes vacíos, que han ahogado la espontaneidad de la vida bajo el peso de huecas abstracciones formales (el "ser", "lo uno", "la sustancia", etc.).

Nietzsche emprende, asimismo, una crítica de la moral antinatural, intelectualista, de Sócrates y Platón, que entienden la virtud exclusivamente como un ejercicio racional, donde el cuerpo, las pasiones y los instintos, que pertenecen a la parte menos valiosa del alma, deben reprimirse.

1.2. El sacerdote.

Finalmente, Nietzsche plantea una crítica a la religión: el cristianismo agudizó la tensión entre razón y vida al proyectar los valores en un Dios trascendente, frente al cual el hombre y la naturaleza son negados. Si la moral antigua era una moral de señores, donde "bueno" equivalía a "noble", "bello" o "aristocrático", y "malo" a "ruin", "débil", "vulgar" o "plebeyo", la religión cristiana, con su resentimiento hacia todo lo que es fuerte y elevado, basada en la obediecia, el sacrificio, la mansedumbre y el gregarismo.

Esta inversión de los valores antiguos y el triunfo de los valores decadentes del cristianismo es llevada a cabo por los sacerdotes. El sacerdote es una casta híbrida de aristócrata y esclavo. Como aristócrata tiene un espíritu creador, quiere dominar y dar un orden al mundo. Pero es incapaz de una creación afirmativa, su única forma de crear es negar lo que hay; es, por lo tanto, un ser "reactivo", un "resentido", un esclavo. Y como esclavo condena todo lo que constituye la esencia del mundo sensible (ya que, como tal se siente a disgusto en él, es incapaz de asumir el carácter trágico de la existencia). Mediante un ejercicio de astucia cosigue que se declaren como buenos los sentimientos condenados cmo malos por el aristócrata. Con ello consigue un doble fin, destruir el mundo antiguo, y hacerse con el poder. Al condenar los valoes que mantenían en pie el mundo antiguo, acabarán siendo destruidos los antiguos señores. Pero ello no significará una liberación de los esclavos sino más bien todo lo contrario. Al poner como buenos los sentimientos tristes, la compasión, el ascetismo, etc., debilitan a los hombres para dominarlos mejor. El prototipo del sacerdote es el judío y como heredero suyo, el cristiano.

El último paso lo dio Kant -un "cristiano alevoso", según Nietzsche-, que aplastó la sensibilidad bajo su ética del deber, basada en una ley formal, abstracta.

 2. La muerte de Dios.

Sin embargo, con la Ilustracióln y el avance de la ciencia, se produjo un acontecimiento trascendental, el más importante de la época: la "muerte de Dios", que implica la pérdida del fundamento religioso sobre el que se sustentaba el sistema de valores de nuestra cultura. Nietzsche se presenta a sí mismo como uno de los pocos que ha sabido advertirlo, con "buen humor" y "sin miedo" (a pesar de la gravedad del descubrimiento), cuyas consecuencias ("sombras") comienzan a sentirse por toda la cultura occidental: la luz del "Sol" (símbolo de la idea de bien platónica o del Dios cristiano) empieza apagarse, dejando a oscuras al continente europeo ("nuestro viejo mundo").

2.1. Aspecto negativo de la muerte de Dios: nihilismo negativo.

El hombre occidental no se ha percatado aún de que su pérdida de la fe en Dios -consecuencia del progreso científico y las críticas ilustradas a la religión- tiene una terrible consecuencia. Prueba de su inconsciencia es que sigue viviendo normalmente, sin sentir ninguna angustia: no ha presentido que la "muerte de Dios" implica el "nihilismo"; es decir, el derrumbamiento de todos los valores supremos (como, por ejemplo, los valores morales), que nuestra cultura había fundamentado hasta el momento en ese Dios abstracto, totalmente alejado de la vida, que acaba de perecer. La ausencia del Dios cristiano ha dejado la vida humana sin referentes, provocando la decadencia de la cultura occidental: la vida parece haber perdido todo su sentido.

2.2. El hombre es un ser que "venera".

Nietzsche considera que, frente a la confianza exibida por la filosofía anterior a él en la existencia de un plan divino (providencialismo) o humano (progreso) para el mundo y la historia, la filosofía del futuro, que él representa, debe ser desconfiada y tiene que acabar con falsas veneraciones, pues el hombre, según Nietzsche, es un ser que "venera"; es decir, tiende a creer que hay fuerzas superiores que dirigen el universo. Pero, a estas altura de la historia, y tras la "muerte de Dios", parece evidente ya que el mundo no responde a ningún principio "venerable", ni divino ni humano: no hay en él ni racionalidad ni irracionalidad, ni está organizado en función de ningún plan "moral" ni "providencial".

 El filósofo del futuro ha aprendido a desconfiar de las veneraciones, se ha percatado de que ese "otro mundo" somos nosotros mismos, que hemos proyectado nuestras valoraciones y proyectos en un más allá ficiticio, atribuyéndolos a la providencia de un ser supremo: Dios. Pero ese Dios ya esta´"muerto" y ya no creemos en él.

2.3. Nihilismo reactivo: ateísmo, inmoralismo  y pesimismo.

Nietzshce advierte de que su propuesta no ha de confundirse con ningún "ateísmo" o "inmoralismo", pues estos implican también una espece de "fe" negativa, consistente en creer con firmeza que Dios no existe, que todo está permitido yu que hay que practicar la inmoralidad.

 No tiene razón el pesimismo moderno (Schopenhauer, Leopardi, Mainländer), que, al constatar la "muerte de Dios", cree que el mundo no vale nada y es despreiable, a la manera del budismo o del propio cristianismo (que, tal como lo interpreta Nietzsche, esuna versión moderada y "seductora" del budismo). El pesimismo niega el valor del mundo, al constatar el sufrimiento humano, pero Nietzsche considera que esto supone una concepción antropocéntrica del "mundo", totalmente injustificada. Ante todo, el hombre carece, en realidad, de importancia. El mundo se mantiene indiferente, al margen, de los posibles "plantes" o "expectativas" humanas. Resulta incorrecto, por tanto, hacerle el reproche de que "carece de sentido" o "no vale nada", al comprobar desilusionado que el hombre no es su centro o que no existe un Dios que lo dirija. "Venerar" el mundo porque se supone que en él se cumplen ciertos planes divinos o humanos es tan absurdo e ilegítimo como "denigrarlo", prque la "muerte de Dios" y la pérdida de la fe han hecho trizas esos falsos ídolos.

2.4. Aspecto positivo de la muerte de Dios: nihilismo positivo.

Ante la "muerte de Dios", el hombre se enfrenta a una alternativa: o es incapaz de asumir dicha "muerte" y su pérdida de fe en el mundo trascendente de valores morales le lleva a caer en un nihilismo reactivo (con la consiguiente negacíon pesimista de la vida, que le conducirá a la autoaniquilación, desesperado ante una existencia que le parece carente de sentido) o se atreve a aceptar la "muerte de Dios", con todas sus consecuencias, y derriba los falsos ídolos que coartaban su libertad, lanzándose decididamente al "mar abierto", en pos de la creaiòn de nuevos y más elevados valores que enriquezcan su vida. Haciéndolo así, se superará a sí mism, se elevará al rango de "espíritu libre" y preparara el advenimiento del superhombre.

Este nihilismo positivo, que muy pocos "espíritus libres" -entre ellos, Nietzsche- han sabido detectar, les hace afrontar la catástrofe de la "muerte de Dios" con buen ánimo, sin tristeza: tras la noche del nihilismo, se adivina la luz de la aurora, de un nuevo "amanecer". El nihilismo y el derrumbamiento de los antiguos valores han dejado sitio libre al hombre para ocupar el puesto del viejo Dios "muerto" y crear nuevos valores que fomenten la vida y den sentido a su existencia.

3. Ascetismo religioso y voluntad de muerte en la ciencia moderna (heredera del cristianismo).

Nietzsche emprende una crítica de la ciencia moderna, desenmascarando los presupuestos y valoraciones que en ella se encierran.

3.1. Ascetismo.

Se suele considerar a la ciencia un saber neutral, sin valoraciones ni prejuicios previos, que solo se basa en hipótesis, quedando excluida de ella toda fe o "convicción". Pero es falso, según Nietzsche, que la ciencia esté libre de presupuestos: tras ella se encuentra una voluntad, orientada hacia un valor abstrato: la verdad. La ciencia moderna busca la verdad  "a todo precio", con un ascetismo y una capacidad de sacrificio que recuerdan a la antigua religión: tanto el hombre religioso como el científico sacrifican su vida en aras de "Dios" y de la "Verdad", respectivamente, dos abstracciones que se superponen a la vida y la oprimen. La ciencia, en fin, sustituye a "Dios" por la "Verdad", convirtiéndose así en un síntoma más del nihilismo moderno.

3.2. Voluntad de muerte.

La ciencia moderna oculta una valoración tácita, enraizada en el platonismo y el cristianismo: la verdad es mejor, más valiosa, que la mentira. Y justamente esto es lo que Nietzsche pone en cuestión: "verdad" y "mentira" han de entenderse en sentido extramoral: algo es "verdadero", según Nietzsche, si fomenta y eleva la vida, y "falso", si la deprime o rebaja. Así entendida, una mentira, una ilusión engañosa (como el arte o la música), puede ser mucho más útil para la vida que la seca y fría verdad (científica), que termna por "inmorlarla" y "degollarla" bajo sus secas fórmulas abstractas. Nietzsche (igual que el poeta Leopardi, al que admiraba, a pesar de su pesimismo), considera que el engaño, la ilusión y la mentira son necesarios, como estimulantes para la vida, mientras que la verdad (científica) suele deprimirla, pues a ella subyace una voluntad de sacrificio, una "voluntad de muerte" (término que Nietzsche toma de Mainländer). La vida es amoral y se situá, por tanto, "más allá del bien y del mal"; por eso, ha de verse estimulada mediante un bello juego de apariencias (artisticas musicales), que le dan una "forma grande": "el gran estilo".

3.3. Heredera del cristianismo.

La ciencia moderna es, en realidad, heredera del antiguo idealismo platonico y del cristianismo (a pesar de su pretendido ateísmo). Tras su voluntad de verdad, se encierra, como en la metafísica platónica y en la religión cristiana, la creencia en la existencia de dos mundos distintos: uno "verdadero" compuesto de ideas abstractas, que sería la verdadera realidad, y otro mundo inferior, aparente: el mundo de la vida, siendo aquel superior y más valioso que este.

Pero con la "muerte" del Dios cristiano, que se ha demostrado como "la mayor mentira" de la historia, se derrumba también el valor de la verdad, asociada a Él; es necesario, pues, sustituir la "voluntad de verdad" científica por la "voluntad de error", propia del arte, y crear una "ciencia alegre" (gaya), que fomente la vida, en sustitución de la ciencia contemporánea, nihilista, antivital.

4. El ideal de lo eterno de la filosofía occidental: providencialismo y progreso.

Nietzsche critica también a la filosofía. Es un tópico decir, desde Aristóteles, que la actividad filosófica ha de ser "desinteresada", puramente teórica. Nietzsche, en cambio, considera que también detrás la filosofía occidental, y muy especialmente tras la metafísica y la moral, se oculta una valoración latente, que lleva a considerar más valioso lo ideal y eterno que el devenir sensible y la plenitud de la vida.

Nietzsche ve en esta preferencia un síntoma de la decadencia de las fuerzas vitales del propio filósofo, que lo incapacita para producir una filosofía apasionada, pues la filosofía profunda y seria exige pasión vital y tener un "gran amor" por los problemas que en ella se plantean.
  

miércoles, 11 de abril de 2018

Habermas. Tres modelos normativos de democracia.

EL PROBLEMA DE LA POLÍTICA Y LA SOCIEDAD EN JURGEN HABERMAS (1929-)

1. El comunitarismo.

Filosofía y teoría de la sociedad se encuentran estrechamente relacionadas en la obra de Habermas, en la medida en que han sido sus inquietudes políticas y sociales las que le han obligado a reflexionar sobre la racionalidad y a proponer un modelo discursivo de razón que sirve de fundamento para las diversas disciplinas científicas, pero que determina también un nuevo concepto de sociedad, replanteando con ello la ética, la política y el derecho.

Reciben el nombre de "comunitaristas" aquellos pensadores que, como Habermas, critican el excesivo protagonismo que el individualismo posee en algunas doctrinas políticas y sostienen que el protagonismo de las mismas lo tiene que poseer la sociedad civil. Algunos autores denominan de esta manera a los republicanos en Estados Unidos.

En el artículo "Tres modelos normativos de democracia", sin embargo, Habermas critica tanto la forma de entender la democracia en el modelo liberal como el republicano de Estados Unidos porque, en su opinión, no permiten con claridad la participación e intervención de los ciudadanos en la acción de gobierno puesto que no poseen la posibilidad de llevar a la realidad sus  posiciones. No basta, como ocurre en estos modelos, aunque de diferente modo, con poder elegir a los que van a gobernar. Se precisa, como propone en este artículo, y en toda su obra, una "concepción deliberativa de la política" en la que los ciudadanos tengan la capacidad de hacer valer unos derechos públicos, entendidos como derechos políticos dentro del sistema social, mediante la deliberación continua en espacios forjados para la participación.

En muchas ocasiones, gracias a la racionalidad discursiva, las personas interaccionan y se coordinan llegando a acuerdos entre ellas, de forma pacífica y armónica. Las personas son capaces no solo de perseguir egoístamente sus intereses, sino también de ponerse de acuerdo con los demás a través de procesos comunicativos y de coordinar solidariamente sus acciones

Habermas se propone tratar en este texto tres cuestiones:

a) Señalar las diferencias que en Estados Unidos se dan entre liberales y republicanos en la forma de entender la política.

b) Criticar la sobrecarga ética de las propuestas de los republicanos.

c) Desarrollar su concepción procedimental de la "política deliberativa".

2. Diferencias que en Estados Unidos se dan entre liberales y republicanos en la forma de entender la política.

2.1. Estado y sociedad.

En la política estadounidense se concibe el Estado como el aparato de la administración pública. Y la sociedad como el sistema de interrelación entre las personas privadas y su trabajo social estructurado en términos de economía de mercado.

- Para los liberales la política debe servir para "impulsar los intereses privados" de los miembros de la sociedad, mientras que el Estado tiene que tratar de "alcanzar fines colectivos".

- Los republicanos, por su parte, sostienen que esta tarea es necesaria pero insuficiente. El Estado tiene también que promover la integración social para conseguir que los ciudadanos se sientan solidarios. Piensan, además, que esta formación de la voluntad política de carácter horizontal, orientada hacia el entendimiento o hacia un consenso logrado comunicativamente, debe gozar incluso de primacía.

2.2. La ciudadanía.

Estas dos concepciones de la política suponen dos visiones diferentes de la ciudadanía.

- Para los liberales, los ciudadanos poseen unos derechos subjetivos que les garantizan la protección del Estado en su empeño por tratar tratar de conseguir sus intereses privados, siempre que esos intereses se encuentren dentro de lo que marca la ley y, asimismo, les otorgan la posibilidad de unirse entre ellos, para configurar una "voluntad política que influya de manera efectiva en la administración mediante la celebración de elecciones, la composición de las cámaras parlamentarias y la formación del gobierno". De esta manera, los ciudadanos pueden controlar si el Estado ejerce o no su poder en su interés en tanto que sujetos privados. Los derechos subjetivos poseen un carácter negativo puesto que lo que el Estado tiene que hacer es garantizar que los ciudadanos en su actuación estén libres de coacciones externas tanto en lo económico como en lo político.

- Para los republicanos, sin embargo, los derechos cívicos, principalmente, los derechos de participación y comunicación, son positivos porque no garantizan la libertad de coacción externa, sino que promueven la participación en una práctica común a través de cuyo ejercicio los ciudadanos pueden llegar a ser aquello que ellos mismos desean ser: sujetos políticamente responsables de una comunidad de personas libres e iguales. El poder del Estado no es originario, sino que procede del ejercicio de autodeterminación (darse a sí mismo la ley) de los ciudadanos y se legitima en la medida en que protege ese ejercicio. El Estado no tiene como función proteger los derechos subjetivos de los individuos sino garantizar la participación de los ciudadanos en esa práctica común en la que todos ellos, libres e iguales se entienden acerca de las metas y normas con las que quieren vivir en común.

2.3. Concepciones del derecho.

El derecho objetivo es la ley; de ella emana la posibilidad de poseer derechos subjetivos. Los derechos subjetivos son las facultades que el ordenamiento jurídico, el derecho objetivo, reconoce a las personas, para que exijan a los demás un comportamiento determinado, o una abstención, que se constituye para estos en un deber jurídico u obligación. Los derechos negativos son aquellos que permiten u obligan a no actuar de cierta manera en beneficio del titular del derecho, como por ejemplo la libertad de expresión, en contraposición a los derechos positivos que permiten u obligan a una acción en beneficio del titular del derecho, como por ejemplo el derecho a la protección de la propiedad.

- Para los liberales, el ordenamiento jurídico se construye partiendo de los derechos subjetivos.

- Mientras que para los republicanos los derechos subjetivos se apoyan en unos derechos objetivos que los hacen posibles y, al mismo tiempo, garantizan "la integridad de una vida en común autónoma en igualdad de derechos y basada en el respeto recíproco".

Las dos concepciones del derecho, aún siendo distintas, no afectan al contenido de los derechos, pero el concepto republicano de derecho atribuye el mismo peso a la integridad del individuo y a sus libertades subjetivas que a la integridad de la comunidad de la que los individuos forman parte y de la que se sienten integrantes. Por este motivo:

- La concepción republicana vincula la legitimidad de las leyes al procedimiento democrático que las hace nacer estableciendo de esa manera una conexión interna entre las leyes y la voluntad de los ciudadanos que las han elaborado. Para los liberales, como las leyes se basan en un derecho superior, tiene que adecuarse a lo que ese derecho determina.

- Mientras que para los liberales los derechos están basados siempre en un derecho superior de carácter racional que se encuentra por encima de la voluntad de los ciudadanos o derecho superior de carácter religioso: es la voluntad de Dios. Para los republicanos una comunidad consigue su objetivo cuando establece, realiza y sostiene unas leyes que son las que mejor responden a las condiciones y costumbres de esa comunidad.

2.4. Estrategia política para adquirir posiciones de poder.

- Para los liberales, la política es esencialmente una lucha por conseguir posiciones que permitan disponer de poder administrativo. El proceso de formación de la opinión y de la voluntad política, primero en el espacio público y luego en el parlamento, obedece a las estructuras de los procesos de mercado. El éxito se mide por la aprobación, cuantificada en número de votos, que a los ciudadanos les merecen las personas y los programas. Con sus votos, los electores expresan sus preferencias. Las decisiones electorales poseen la misma estructura que las elecciones de los participantes en el mercado para obtener el mayor beneficio: los votos son los que permiten el acceso a posiciones de poder que los partidos políticos se disputan con esa misma actitud encaminada al éxito.

- Para los republicanos, sin embargo, la política es una práctica de autodeterminación ciudadana y, por lo mismo, no obedece a las estructuras de los procesos de mercado, sino a las estructuras de una comunidad pública orientada al entendimiento. Lo fundamental en esa práctica es el diálogo, y no la mecánica del mercado. La disputa de opiniones sostenida en la escena política posee para ellos la fuerza legitimadora del acceso a las posiciones de poder y, sobre todo, posee la fuerza vinculante para el modo de ejercerlo. El Estado solo puede ejercer el poder administrativo sobre la base de los programas políticos que se hayan consensuado en el diálogo, y dentro de los límites de aquellas leyes que se hayan elaborado en el proceso democrático.

3. Critica a la sobrecarga ética de las propuestas de los republicanos.

El modelo republicano tiene como ventaja sobre el liberal una concepción de la democracia más radical, pero tiene el inconveniente de ser un modelo demasiado idealista al hacer depender el proceso democrático de unos ciudadanos a los que considera demasiado iguales en su forma de entender el bien común.

Vivimos en sociedades en las que existe un gran pluralismo social y cultural y pretender que los objetivos políticos relevantes sean expresión de una forma de vida compartida intersubjetivamente es no tener en cuenta la realidad. Al poseer los ciudadanos de cualquier comunidad intereses y orientaciones valorativas que entran en conflicto unos con otros sin ninguna posibilidad de conseguir un consenso, no se pueden alcanzar acuerdos o compromisos mediante discursos éticos, sino solo mediante compromisos entre las distintas partes.

De todas formas, los resultados de esos compromisos obtenidos discursivamente deben estar sujetos a la reserva de no vulnerar los valores fundamentales de una cultura que concitan el consenso. Las negociaciones para llegar a este tipo de acuerdos presuponen la voluntad de lograr resultados que puedan ser aceptables por todas las partes aunque no todas posean los mismos motivos para hacerlo.

Los compromisos no pueden tener una justificación ética, porque para ello sería necesario que todos los ciudadanos tuvieran la misma forma de pensar; necesitan de una justificación racional o normativa desde el punto de vista de la justicia, puesto que las cuestiones relativas a la justicia no guardan relación originariamente con un determinado grupo o manera de pensar. Para que se puedan considerar legítimas las leyes que se establezcan, deben estar en conformidad con principios morales que posean una validez más allá de los límites de una comunidad jurídica concreta. Deben tener su origen en una política deliberativa que tenga en cuenta no solo la autocomprensión ética, sino que sea capaz de llegar a acuerdos y compromisos de los que poseen intereses y formas de pensar diferentes eligiendo racionalmente los medios adecuados para conseguir los fines de esos compromisos.

4. La concepción procedimental de la "política deliberativa" de Habermas.

Habermas entiende que los discursos como los procesos en los que las personas que hablan logran fundamentar razonadamente sus propuestas comunicativas y las pretensiones de validez que subyacen en ellas. Para Habermas, se dialoga con otras personas prque se tiene el convencimiento de que se puede llegar a alcanzar con ellas un acuerdo o un consenso fundamentado en razones que todos comprenden y aceptan; en caso contrario, el diálogo carecería de sentido. El consenso o acuerdo constituye, en opinión de Habermas, el final adecuado y esperado de todo discurso y los discursos tienen siempre pretensiones de universalidad puesto que lo que se defiende en ellos, aunque vaya dirigido a un interlocutor concreto con el que se está hablando, en el fondo busca el reconocimiento universal de lo que dice y se defienden argumentos.

4.1. La formación democrática de la opinión y de la voluntad común en los modelos republicano y liberal.

La política de los liberales y de los republicanos que se contrapone si se las considera como tipos ideales, "pueden compenetrarse y complementarse de forma racional". Lo hacen en el modelo de democracia que propone Habermas, en el que el proceso político puede producir resultados racionales porque se lleva a cabo en toda su extensión de un modo deliberativo. Cuando el concepto procedimental de la política deliberativa se convierte en el núcleo normativo de la teoría de la democracia aparecen diferencias tanto en relación con la concepción republicana del Estado como con la liberal.

Comparando los tres modelos (liberal, republicano y deliberativo), y partiendo de la dimensión política, es decir, de la formación democrática de la opinión y de la voluntad común que se evidencia en las elecciones generales y en las resoluciones parlamentarias, se aprecian las diferencias siguentes:

 a) La intersubjetividad del imperio anónimo de la ley.

Para los liberales, este proceso se lleva a cabo en la forma de compromisos entre los intereses de los ciudadanos. La formaciónd e la voluntad democrática la realizan los ciudadanos atentos a su propio interés. Las reglas para la formación de compromisos que deben asegurar la equidad de los resultados se fundamentan en principios constitucionales liberales. Pero la voluntad democrática es solo un elemento dentro de una constitución que disciplina el poder estatal mediante dispositivos normativos. Además de ella, intervienen en la adecuada consideración de los intereses y orientaciones valorativas de la sociedad: los derechos fundamentales, la división de poderes, la vinculación de la administración a la ley, y la comptencia entre partidos políticos, y entre el gobierno y la oposición. Por eso, esta comprensión de la política centrada en el derecho puede renunciar a un supuesto poco realista de de una ciudadanía capaz de actuar colectivamente, cosa que no le ocurre al modelo republicano. El objetivo de la argumentación liberal se dirige contra el potencial perturbador de un poder estatal que entorpece la interrelación social autónoma de los particulares.

 b) La intersubjetividad del sujeto social global.

Para los republicanos, la formación democrática de la voluntad se lleva a cabo en forma de una autocomprensión ética; la deliberación se apoya en el consenso cultural de fondo entre los ciudadanos. La opinión pública de los ciudadanos conforma el medio sobre el que se constituye la sociedad como un todo estructurado políticamente. En la práctica de la autodeterminación política de los ciudadanos, la comunidad se torna consciente de sí misma como totalidad y actúa sobre sí misma mediante la voluntad colectiva de los mismos. La democracia equivale a la autoorganización política de la sociedad.

4.2. La formación democrática de la opinión y de la voluntad común en los modelos republicano en la teoría discursiva de Habermas.

a) La estructura de comunicación lingüística como norma.

La teoría discursiva asume elementos de los dos modelos (liberal y republicano) y los integra en el concepto de un procedimiento ideal para la delibración y la toma de resoluciones. Con este procedimiento la razón práctica se repliega desde la noción de los derechos universales del ser humano (modelo liberal) o desde la ética compartida de una comunidad determinada (republicanos) a las reglas del discurso y de la argumentación que toman su contenido normativo de la estructura de la comunicación lingüística.

Habermas sostiene que cuando una persona habla con otra, la comunicación, que es la función principal y originaria del habla, no se limita a una simple transmisión de información sino que establece entre ellas una relación interpersonal que tiene como finalidad el que se puedan entender. El lenguaje posee una serie de supuestos que todos los que hablan tiene que cumplir orque son "mandatos" suyos. Estos supuestos, los "universales del habla" sn ciertos en cualquier lengua y, por tanto, válidos para todos los humanos. Cuando se habla nose puden dejar de seguir si se quire que los que oyen esas palabras acepten lo que se les dice. Estos universales del habla son:

- La inteligibilidad.
- La verdad.
- La rectitud.
- La veracidad.

b) La institucionalización de la intersubjetividad: procesos de entendimiento.

La teoría discursiva, lo mismo que el modelo republicano, sitúa el proceso de formación de la voluntad y de la opinión públicas en el punto central, pero no hace depender la relación de una política deliberativa de una ciudadanía capaz de actuar colectivamente, cosa poco realista, sino de la institucionalización de los procedimientos correspondientes. No sitúa en el origen de la autodeterminación de los ciudadanos a un sujeto social global, pero tampoco lo pone en el imperio anónimo de la ley que se impone a los sujetos particulares que compiten entre sí. La teoría del discurso cuenta, en cambio, con una intersubjetividad de orden superior que se da en los procesos de entendimiento que se llevan a cabo de forma institucionalizada en las deliberaciones en las cámaras parlamentarias y, también, en la esfera política de la opinión pública.

Estos procesos de entendimiento dan origen a escenarios donde tiene lugar una formación más o menos reacional del a opinión y de la voluntad comú sobre temas relevantes para el conjunto de la sociedad y sorbe materias que requieren una regulación, que desemboca luego en decisiones electorales institucionalizadas y en resoluciones legislativas por las que el poder producido comunicativamente se transforma en poder utilizable administrativamente.

4.3. La soberanía popular en los modelos republicano y liberal.

 El concepto de soberanía popular aparece en los inicios de la modernidad al trasladar al pueblo los rasgos que poseían los príncipes que gobernaban de modo absolutista. La soberanía que poseían los príncipes en el absolutismo se encarna en el pueblo.

La soberanía popular también se entiende de forma diferente en las tres concepciones políticas que estamos analizando.

a) La legitimación del ejercicio del poder.

Para la liberal el proceso de formacón de la voluntad democrática tiene exclusivamente la función de legitimar el ejercicio del poder político. Los resultados electorales son los que permiten obtener el poder político y el gobierno tine que justificar ante la opinión pública y el parlamento el uso que hace de ese poder. Pero el Estado democrático de derecho es el que posee el poder, poder que procede del pueblo.

b) El recuerdo del acto fundacional.

Para la concepción republicana, la formación de la voluntad democrática desempeña una función: constituye la sociedad coom una comunidad política y cada proceso electoral mantiene vivo el recuerdo de ese acto fundacional. El gobierno es parte de una comuniad política que se administra a sí misma, no algo separado, y se encuentra pragmáticamente comprometido a la ejecución de determinadas políticas. El pueblo es portador de una soberanía que en principio no puede ser delegada: en su calidad de soberano, el pueblo no puede ser representado. El poder se basa en la práctica de la autodeterminación de los ciudadanos, no de sus representantes.

4.4. La soberanía popular en la teoría discursiva de Habermas.

En la interpretación de la democracia de la teoría discursiva, el sistema político no es ni el centro ni la cúspide de la sociedad, sino tan solo un sistema de acción entre otros.

a) Dirigir lasmetas al poder administrativo.

Para la teoría discursiva los procedimientos de la formaión democrática de la opinión funcionan más como las más importantes esclusas para la racionalizaión discursiva de las decisiones de un gobierno y de una administración sujetos al derecho y a la ley. Hablar de racionalización es hablar de legitimación pero no tanto de poder. El gobierno dispone de poder en la medida en que ese se mantiene retroalimentado mediante una formación democrática de la opinión y de la voluntad común, que no solo controle "a posteriori" el ejercicio del poder político, sino que, en cierto modo, también lo programe. La opinión pública, aunque su contenido provenga de procedimientos democráticos comunciativos, no puede "mandar" ella misma, sino solo dirigir hacia las metas que les parezcan adecuadas al poder administrativo.

b) Asociacionismo de la sociedad civil.

Las concepciones liberal y republicana de la soberanía popular se basan en una concepción del Estado y de la sociedad como un todo que se configura, o bien a través de una ciudadanía soberana, o bien mediante una constitución. La teoría discursiva, sin embargo, posee una visión diferente de la sociedad y, por lo mismo, de la soberanía popular. La soberanía no necesita ser concentrada de una manera concreta en el pueblo. EL sujeto de la comunidad jurídica que se organiza a sí misma se esfuma cuando esa comunidad, de forma discursiva, forma la opinión y la voluntad política de modo que sus resultados tengan a su favor la presunción de racionalidad. Con ello, lo que en el fondo pretendía la idea de soberanía popular no desaparece, sino que se interpreta de manera intersubjetivista. La soberanía popular surge de las interacciones entre la acción de gobierno, instutucionaliada con las técnicas propias del Estado de derecho, y los espacios públicos movilizados culturalmente, que tienen su base en las asociaciones de una socidad civil alejada por igual del Estado como de la economía.

La política deliberativa guarda una interna conexión con los contextos de un mundo de la vida, por eso, las comunicaciones políticas filtradas deliberadamente dependen de los recursos del mundo de la vida -de una cultura política libre y de una socialización política de tipo ilustrado y, sobre todo, de las iniciativas de las asociaciones conformadoras de opinión- que se constituyen y se regeneran de modo espontáneo y que, en cualquier caso, son, por su parte, difícilmente accesibles a los intentos de intervención y dirección política.

c) Patriotismo constitucional.

En opinión de Habermas, la mejor manera de solucionar el problema de cómo cohesionar y hacer sentirse miembros de una misma comunidad a los ciudadanos de las actuales sociedades multiculturales, multinacinales y multiétnicas es el patriotismo constitucional. El elemento de cohesión entre los ciudadanos tiene que ser, no tanto la fidelidad a un contenido constitucional que puede variar cuanto la aceptación de los principios y valores constitucionales y democráticos, es decir, la valoración de la discusión democrática los espacios públicos de discusión y el respeto a los derechos humanos. Gracias a sus propiedades procedimentales, el proceso democrático garantiza la legitimidad y, por ello, puede sustituir, cuando resulta necesario, las carencias de la integración social.

viernes, 16 de marzo de 2018

Kant. Prólogo 2ª ed CRP

 VOCABULARIO

1. A priori.

"A priori" es la característica de algunos juicios que son independientes de la experiencia y por tanto son universales y necesarios. Este tipo de juicios proporciona un conocimiento racional puro, es decir, trascendental. Por ejemplo: "todo ser humano tiene obligaciones morales".

2. A posteriori.

"A priori" se opone a "a posteriori", característica de algunos juicios que son obtenidos pormedio de la experiencia y por tanto son particulares y contingentes. Son juicios empíricos, por ejemplo: "esta mesa es cuadrada".

3. Empírico.

Para Kant todo conocimiento es empírico en el sentido de que no puede haber conocimiento de algo que no proceda de la experiencia, seas interna o externa. Sin embargo, lo empírico no es universal ni necesario; en cuanto a su validez gnoseológica es lo opuesto a "puro" o "trascendental" (metaempírico).

4. Entendimiento.

El término "entendimiento" (en alemán "Verstand"), designa la facultad propia de los seres humanos que consiste en la capacidad de aplicar las categorías a los datos empíricos para hacer inteligible la realidad. El entendimietno trascendental estructura y ordena la experiencia previamente "espacializada" y "temporalizada"  por la sensibilidad trascendental.

5. Puro.

"Puro" es la característica de los conocimientos propios del sujeto trascendental, es decir, que son transempíricos, preceden a la experiencia y son independientes de ella. El uso de la razón "pura" se extiende tanto a la actividad teórica como a la actividad práctica del ser humano. Se opone a "empírico".

6. Razón.

Kant, como todos los ilustrados, considera  la razón humana (en alemán "Vernunft") la facultad suprema del ser humano que le permite unificar y totalizar todos los conocimientos procedentes de la sensibilidad y del entendimiento. La razón trascendental regula las condiciones de posibilidad de todo el conocimiento humano, tanto el teórico como el práctico y delimita el uso legítimo e ilegítimo de las categorías del entendimiento. La filosofía de Kant puede ser denominada "racionalismo crítico".

7. Racionalismo dogmático.


Kant designa con este término el racionalismo extremo de Leibniz y Wolf, para quienes el único conocimiento científicamente válido es el basado en las ideas innatas de la razón. Wolf mantenía, además, la posibilidad de construir una metafísica científica; es decir, un saber acerca del alma (psicología racional), del mundo (cosmología racional) y de Dios (teología racional), completamente a priori, sin contar para nada con la experiencia sensible. Para Kant, el fallo fundamental del dogmatismo es que en él la razón no se plantea llevar a cabo ninguna autocrítica, para examinar su poder y sus límites, y asi averiguar si la metafísica es realmente una ciencia.

8. Metafísica.

Este término tiene en Kant dos sentidos diferntes. Por un lado, designa la tendencia natural de la razón de ir más allá de los límites de la experiencia, para conocer objetos situados fuera de ella, como el alma o Dios. Por otro lado, designa el saber más importante en la filosofía racinalista, consagrado al conocimiento de los tres grandes problemas de la filosofía de la occidental: el alma, el mundo y Dios. Está condenado al fracaso por su falta de fundamentación en la experiencia sensible, lo que lleva a las categorías a actuar en el vacío.

9. Empirismo.

Frente a los racionalistas, que dan prioridad a la razón y afirman la existencia de ideas innatas en la mente, los empiristas dan prioridad a los sentidos y a la experiencia, rechazando la metafísica. En el terreno ético, los empiristos mantuvieron, en general, una ética emotivista y utilitarista, basada en el sentimiento.

10. Intuiciones puras.

En el criticismo kantiano se trata de las formas a priori del espacio y del tiempo, puestas por la sensibilidad del sujeto, que organizan y dan sentido al caos de los datos sensibles procedentes de la experiencia, para constituir la representación o fenómeno del objeto; este será luego pensado por las categorías del entendimiento.

11. Categorías.

Son conceptos puros a priori, es decir, previos e independientes de la experiencia (como "causalidad", "sustancia", etc.) que pertenencen al entendimiento del sujeto y posibilitan que conozca la realidad. Mientras que para Aristóteles y Tomás de Aquino las categorías tenían un sentido objetivo, designando los principales sentidos del ser, en Kant tienen un sentido trascendental, subjetivo: son las condiciones que pone la mente del sujeto y que hacen posible su conocimiento del mundo.

12. Fenómeno/Noúmeno.

Fenómeno es "lo que se manifiesta o aparece". De la realidad  solo podemos conocer aquella parte de los objetos que se nos manifiesta de manera sensible, ya que para que exista conocimiento se requiere, según Kant, la colaboración de los datos sensoriales (experiencia) y de las categorías a priori del entendimiento. Noúmeno son las cosas en sí mismas; es decir, la estructura de los objetos con independencia del sujeto que los conoce. Los noúmenos no pueden conocerse, solo pensarse: son una "eterna X" incognoscible que nuestra razon jamás podrá penetrar. Constituyen el límiete de nuestro conocimiento.

13. Ideas de la razón.

Mientras que para Platón las ideas tienen un sentido objetivo, desginandoel auténtico ser de los objetos, la "verdadera realidad", en Kant las ideas tienen un sentido trascendental, crítico y subjetivo, y designan los principios incondicionados de la razón que permiten sintetizar todos nuestros conocimientos.

14. Postulados de la razón práctica.

Son proposiciones exigidas por la razon práctica, desde el momento en que existe en ella el imperativo categórico o ley moral. Son: la "libertad" del sujeto, la "inmortalidad del alma" y la "existencia de Dios". Al pertenecer al uso práctico de la razón, no amplían nuestro conocimiento, si bien tienen un profundo significado moral.

15. Trascendente/Trascendental.

Trascendente desgina todos aquellos objetos sobre los que, por no estar dados en la experiencia sensible, ni en el espacio ni el tiempo, no pueden actuar las categorías del entendimiento, situándose así más allá de nuestras posibilidades de conocimiento. Son trascendentes los noúmenos, especialmente el mundo considerado en su totalidad, el alma y Dios. En cambio, en el idealismo kantiano, el término trascendental alude a aquellas condiciones que hacen posible nuestro conocimiento de los objetos, especialmente, las formas a priori que aporta la mente al conocimiento de la realidad, como el espacio y el tiempo o las categorías.

16. Criticismo.

Método filosofico inaugurado por Kant, intermedio entre el método racionalista, para el que la rzón no tiene límite alguno en su conocimiento, y el método empirista, que se muestra escéptico respecto al poder congnoscitivo de la razón, limitándolo al ámbito de la experiencia (lo que acaba por arruinar las bases del conocimiento científico). El método crítico pretende someter la razón a un análisis que averigüe sus capacidades teóricas y prácticas (morales), así como los límites de su uso, encontrando que en el conocimiento humano intervienen tanto los sentidos (experiencia) como un elemento a priori aportado por la razón.


LÍNEAS PRINCIPALES DEL PENSAMIENTO DE KANT.

1. El problema de la metafísica y del concimiento.

Durante el llamado "período precrítico", Kant compartió las tesis racionalistas de Leibniz y de Wolf, considerando que la metafísica es una ciencia capaz de conocer objetos trascendentes, situados más allá de toda posible experiencia.

Pero hacia 1765, Kant leyó las obras de Hume, despertando del "sueño dogmático" racionalista, y comenzó a poner en duda que la metafísica fuese realmente un saber científico.

La intensa reflexión de Kant sobre el problema de la metafísica le hizo consciente de que la teoría del conocimiento debe actuar por una crítica que se encargue de averiguar cuáles son las capacidades y los límites de la razón.

Para Kant, todas las cuestiones de la filosofía pueden sintetizarse en cuatro preguntas: ¿qué puedo saber?, ¿qué debo hacer?, ¿qué me cabe esperar? y ¿qué es el hombre?, en la que se resumen las anteriores. Para responderlas, emplea el método crítico, mediante el que la razón se examina a sí misma, a fin de averiguar cuáles son sus usos y sus limitaciones.

Kant rsponde a la primera de estas preguntas en la "Crítica de la razón pura", donde estudia el conocimiento, es decir, el uso teórico de la razón. La cuestión más importante que se plantea en esta obra es si la metafísica es una ciencia. Si lo es, como creían los racionalistas, el conocimiento carecerá de límites, pero si no es ciencia, sí tendrá límites bien definidos.

Para averiguarlo, Kant examina qué condiciones cumplen dos ciencias ya constituidas: la matemática y la física. Encuentra que ambas son ciencias porque son capaces de enunciar leyes científicas, o juicios sintéticos a priori: estos juicios son sintéticos, es decir, amplían nuestro saber, pero al mismo tiempo son a priori, porque son unversales y necesariamente verdaderos, su validez no se limita a una experiencia concreta.

Esto significa que, anque todo nuestro conocimiento comienza por la experiencia, no todo el conocimiento procede de ella, sino que ha de haber unas formas, puestas por la mente del sujeto. Kant consigue, así, sintetizar el empirismo y el racionalismo en el idealismo trascendental: la sensibilidad ofrece al entendimiento un material dado por los sentidos, que la mente del sujeto organiza mediante unas estructuras a priori. En esto consiste el "giro copernicano" de Kant, quien, frente a las filosofías anteriores, sostiene que lo decisivo en el conocimiento es la mente del sujeto, que organiza los datos de los sentidos.

En el proceso de conocimiento, primero intervienen la sensibilidad, que, mediante las intuiciones puras de espacio y de tiempo, organiza el caos de sensaciones, constituyendo nuestra "representación mental" del objeto, el fenómeno. A continuación, el entendimiento, con sus conceptos puros a priori, las categorías, organiza el caos fenoménico, permitiéndonos conocer las leyes de la naturaleza.

Sensibilidad y entendimiento se completan mutuamente, de forma que, para conocer un objeto, deben darse los fenómenos de la experiencia, por un lado, y las categorías del entendimiento, por otro: si alguna de estas dos condiciones falta, el conocimiento resulta imposible.

A partir de lo dicho, Kant deduce que únicamente nos es dado conocer las manifestaciones sensibles de la naturaleza, los fenómenos, porque están organizados en el espacio-tiempo, y, por ello, podemos aplciarles las categorías; en cambio, las cosas en sí mismas, los noúmenos, pueden ser pensados, pero jamás conocidos, porque no tenemos experiencias de ellos y, por consiguiente, no pueden aplicárseles las categorías.

La última facultad que interviene en el conocimiento es la razón, que piensa por medio de ideas. Las principales ideas de la razón son tres: el alma, el mundo y Dios. Pero estas ideas se refieren a noúmenos, acerca de los cuales no tenemos conocimiento alguno. Cuando la razón trata de conocerlos, ca en contradicciones consigo misma.

Las ideas de la razón, por tanto, marcan el límite de nuestro conocimiento, con lo que se concluye que la metafísica no puede ser ciencia y debe abandonarse como tal.

2. El problema de la ética.

Kant aborda el análisis del uso práctico de la razón en la "Fundamentación de la metafísica de las costumbres" y en la "Crítica de la razón práctica". Advierte que el único criterio que permite determinar el valor moral de una acción es la buena voluntad, aquella voluntad que, al actuar, se inspira en el deber, y no en el interés personal. Ahora bien, las éticas anteriores han sido incapaces de encontrar el fundamento del deber, porque formulaban imperativos hipotéticos que tienen una validez condicionada a la consecución de algún fin exterior al sujeto (Dios, la felicidad, el placer, la utilidad, etc.).

Frente a ellas, Kant propone su ética formal, única que a su entender puede fundamentar la idea de deber. Esta ética descubre en la razón del sujeto una ley moral abstracta y universalmente válida, el imperativo categórico, que le ordena de un modo absoluto cómo ha de comportarse, sin concesión alguna a sus inclinaciones.

El imperativo categórico presupone la libertad del sujeto, porque solo un ser dotado de voluntad libre puede darse a sí mismo una ley moral; el individuo es libre en el ámbito moral (no en el fenoménico), porque solo se obedece a sí mismo, a su razón (autonomía).

La virtud es la voluntad de actuar siempre por deber. Una conducta virtuosa exige respetar a todas las personas, porque se trata de seres racionales, es decir, morales y libres. Estos forman parte del reino de los fines, esto es, la esfera de las relaciones morales entre sujetos racionales, que se deben respeto mutuo.

Su ética culmina con la formulación de los tres postulados de la razón práctica: la libertad del sujeto (exigida por la existencia de la ley moral), la inmortalidad del alma (como garantía de que, tras esta vida, será posible un progreso infinito hacia la virtud) y la existencia de Dios (garantía de que nuestra virtud será recompensada con la felicidad).

Estos tres postulados muestran "qué puede esperar el hombre" y el verdadero significado de las ideas de la razón: en la "Crítica de la razon pura", Kant demostró que se trata de noúmenos, impenetrables para el conocimiento científico, pero ahora sabemos que el verdadero sentido de estas ideas no es en absoluto teórico, sino práctico o moral.


ESQUEMA DE "CRÍTICA DE LA RAZÓN PURA: PRÓLOGO A LA 2ª EDICIÓN".

En la "Crítica de la razón pura" (1781), obra con la que inaugura el periodo crítico de su pensamiento, Kant analiza el uso teórico de la razón: es decir, las posibilidades y los límtes del conocimiento científico. El prólogo a la 2ª edición de esa obra, escrito en 1787, constituye un magnífico resumen de las principales tesis del idealismo trascendental kantiano.

En el citado prólogo, Kant señala que, mientras otras disciplinas, como la matemática y la física, avanzan de forma segura, la metafísica permanece estancada, porque no ha llevado a cabo el revolucionario cambio de perspectiva que sí han realizado estas ideas, consistente en construiri a priori sus respectivos objetos de estudio, bien mediante formas a priori de la sensibilidad (matemática), bien mediante conceptos a priori del entendimiento (física).

Kant va a mantener que si la metafísica ha fracasado hasta ahora es por haber mantenido que son los objetos los que determinan nuestro conocimiento, cuando lo correcto es suponer que es nuestra mente la que, mediante una serie de conceptos a priori, independientemente de la experiencia, estructura y organiza el objeto conocido.

Esta interpretación del conocimiento tiene una consecuencia negativa, ya que limita nuestro conocimiento a los fenómenos y excluye de él lo "incondicionado"; es decir, los noúmenos o cosas en sí mismas (el muno, la inmortalidad del alma y Dios), que no pueden estudiarse sin que la razón caiga en contradicciones consigo misma.

Ahora bien, también tiene un aspecto positivo, pues tales ideas pueden tener un uso legítimo en el terreno de la moral, toda vez que la razón es una sola, aunque tenga dos usus diferentes: teórico y práctico.

La "Crítica de la razón pura" permite, pues, poner coto al dogmatismo racionalista, que cree poder concoer lo suprasensible, y al mismo tiempo reduce las pretensiones del escepticismo empirista, que niega su existencia, mostrando que los conceptos metafísicos desempeñan un importante papel no en el terreno del saber, sino en el ámbito de la moralidad, donde sustentan una fe racional, cuya validez constituye uno de los mayores intereses para el hombre.

La tarea de la filosofía consiste en buscar el camino seguro para la ciencia.

1. Consideraciones sobre el conocimiento en general: conocimiento teórico y conocimiento práctico.

- Es conveniente distinguir en ambos tipos de conocimiento la parte pura de la empírica.
- Aceptar un nueno método de conocimiento: solo conocemos a priori de los objetos lo que previamente ponemos en ellos.
-  Hay que realizar una tajante restricción al alcance del conocimiento: nunca podemos traspasar los límites de la experiencia. Por lo tanto, el conocimiento racional a priori solo puede serlo de fenómenos.

1.1. Conocimiento teórico o uso teórico de la razón.
Se relaciona con su objeto para determinarlo. Es decir, determinan sus objetos a priori, es decir, mediante conceptos. Por ejemplo, las matemáticas y la física.

1.2. Conocimiento práctico o uso práctico de la razón.

Se relaciona con su objeto para convertirlo en realidad. La razón en su uso práctico sí puede traspasar los límites de la experiencia.

1.3. Facultades del conocimiento.

a) Sensibilidad.

Se aplica a priori a la intuición de los objetos.

b) Entendimiento.

Se aplica a priori mediante concetpos que se refieren a los objetos de experiencia. El entendimiento posee reglas a priori que se expresan en conceptos a priori (categorías) y los objetos de la experiencia se han de adaptar a esos conceptos a priori.

c) Razón.

Busca lo incondicinado. Los objetos pensados por la razon son:  Dios, alma y mundo. Lo incondicionado (las cosas en cuanto desconocidas) se pueden pensar (no conocer) sin contradicciones gracias a la distinción entre fenómeno y cosa en sí.

1. ¿Cómo determinar si un saber es ciencia?

a) Que la razon avence y no quede estancada.
b) Que haya consenso en la comunidad de sabios.

2. Análisis de algunas ciencias.

2.1. La lógica.

a) Es la ciencia que expone y demuestra las reglas formales de todo razonamiento independientemente de su objeto. Es decir, hace abstracción de todo contenido de conocimiento y se ocupa solo de la forma del entendimiento.
b) Nació ya como ciencia en la época antigua y ya está definitivamente concluida. Cuando alguno intentan ampliarla es porque no son capaces de respetar sus límites.
c) La lógica tiene carácter propedéutico, es decir, es un instrumento que sirve para todas las ciencias.

2.2. La matemática.

También, como la lógica, ha tomado desde antiguo el camino cierto de la ciencia. Ello es debido al descubrimiento del método adecuado gracias a Tales, consistente en demostrar a priori las propiedades de un objeto.

2.3. Las ciencias de la naturalezas (experimientales).

También llamada filosofía natural, que es como entonces se denominaba a lo que nosotros hoy llamamos física. Al contrario que la lógica y las matemáticas, la ciencia natural tardó mucho en encontrar el camino cierto de la ciencia. Entró en este camino cuando los científicos comprendieron la esencia del método experimental, que no consiste en un mero atenerse a los hechos, sino en que la mente disponga de un esquema, conforme a sus propios principios, a partir del cual interrogar a la naturaleza. Es decir, la razón es como un juez que interroga según un plan previo.

2.4. La metafísica.

Para Kant tiene una doble significación: es una etndencia natural de la razón y una tentativa filosófica, racional, por ir más allá de los límites de la razón teórica. La crítica de la razón muestra la imposibilidad de la metafísica como ciencia, ya que no se pueden plantear ni resolver desde la racionalidad teórica los tres grandes problemas de la metafísica occidental: Dios, alma y mundo.

a) Es un saber que se edifica con meros conceptos y va más allá de toda experiencia.
b) Al contrario que la lógica, la matemática o las ciencias naturales, no ha alcanzado el camino cierto de la ciencia aun siendo la ciencia más antigua. ¿Por qué?
- Porque no progresa.
- Porque pretende conocer a priori las leyes de la experiencia.
- Porque los metafísicos disputan permanentemente.
c) ¿Puede la metafísica encontrar el camino seguro de la ciencia? ¿Cómo podría salir de esta situación? Para ello tendría que renovarse radicalmente y seguir el ejemplo de las matemáticas y de la ciencia natural en lo que concierne a su método. Pero más que renovación, es una revolución: frente a la suposición tradicional de que el conocimiento se debe regir por la naturaleza de los objetos, son los objetos los que se conforman a la naturaleza de nuestro conocimiento. La revolución metafísica es algo comparable a la que hizo Copérnico en astronomía.

3.Exposición, desarrollo y consecuencias de las tgesis centrales de la Crítica de la Razón Pura.

3.1. El contenido de la metafísica crítica.

a) Es un tratado sobre el método, no un sistema sobre la ciencia misma.
b) La metafísica crítica traza el perfil de la ciencia a un doble nivel: traza sus límites y su articulación interna. Para ello, se ocupa de los principios del conocimiento y de las limitaciones de su uso.
c) La metafísica crítica vincula y delimita los usos teórico y práctico de la razón. Esta utilidad de la metafísica parece a primera vista meramente negativa, pues nos marca unos límites estrictos que no podemos traspasar (los límites de la experiencia). Pero esta restricción del uso teórico hace posible el uso práctico, porque si no distinguiéramos entre fenómeno y cosa en sí (noúmeno) no podríamos pensar la libertad sin contradicción. Y podemos porque el principio de causalidad solo se aplica a los fenómenos. De ese modo podemos hablar de moral, puesta implica la libertad como postulado (junto con Dios y la inmortalidad, son los postulados de la razón práctica).
d) La crítica es un freno socrático frente a los ataques al a religion y la moraliad. En efecto, la manera que tiene de abordar el dogmatismo (que procede sin crítica previa) los temas de la existencia de Dios, del alma y del mundo impide la divulgación de la razón porque las escuelas dogmáticas pretenden ser las únicas portadoras de la verdad. Incluso el estado debería intervenir para salvaguardar la ciencia, la razón y la libertad de las escuelas especulativas que al no poner límites a la razón especulativa promueven el escepticismo, el materialismo y el fanatismo.
e) La crítica, por lo tanto, se opone al dogmatismo (proceder sin critica previa), pero no al procedimiento dogmático de la razón (demostraciones rigurosas a partir de principios que la propia razón ha validado críticamente). Esta tarea a priori es el camino que debe seguir la metafísica para ser ciencia.



viernes, 2 de marzo de 2018

Rousseau

EL PROBLEMA DEL HOMBRE EN ROUSSEAU (1712-1778)

1. Rousseau y la Ilustración.

Rousseau pertenece a la Ilustración, movimiento inteletual que alcanzó su máxima difusión en el siglo XVIII y que culmina con la Revolución Francesa de 1789. En general, los ilustrados fueron partidarios de:

- El triunfo de la razón sobre los prejuicios, las supesticiones, el dogmatismo y la metafísica racionalista.

- Tal triunfo conducirá a un extraordinario desarrollo de las ciencias, del que  la ciencia de Newton es el mejor ejemplo.Lo que permitirá un mayor conocimiento y dominio de la naturaleza para ponerla al servicio del hombre.

- El uso de la razón nos ayudará a crear proyectos individuales y colectivos que hagan a las sociedades más justas y a los indiduos más felicies.

1.1. Ambivalencia de Rousseau ante la Ilustracion.

La figura de Rousseau es ambigua y paradójica: por una parte, es uno de los principales representantes de la Ilustración, pues comparte con otros destacados filósofos de la época, como Voltaire, Diderot o D'Alembert, los ideales de tolerancia y libertad, pero, por otra, también es uno de sus críticos más duros, puedes defiende la primacía del sentimiento sobre la razón y sostiene que la ciencia y la cultura no mejoran al hombre, sino que tienden a corromperlo y a hacerle infeliz.

1.2. El progreso científico y el progreso moral.

"Progreso" es la idea típicamente ilustrada según la cual la humanidad avanza continua e ilimitadamente guiada por la razón. La educación y la ciencia son los dos motores del progreso, pues permiten que los hombres se liberen de los prejuicios y las supersticiones y amen la libertad, gracias a la educación, y la mejora de sus condiciones de vida mediante la aplicación técnica de los avances científicos. La historia deja de ser concebida como el escenario de la salvación (tal como sucedía con el pensamiento cristiano medieval), para ser concebida como el escenario del desarrollo humano.

 Rousseau, en su obra "Discurso sobre las ciencias y las artes", critica el optimismo de los enciclopedistas, frente a los cuales sostiene que las artes y las ciencias no solo no han ayudado a hacer a los hombres mejores sino que, por el contrario, han ayudado a corromperlos. Para Rousseau, el ser humano es bueno por naturaleza, pero se hace malo porque en sociedad degenera y se corrompe. El error de los ilustrados es creer que el progreso de la civilización y de la ciencia marcha paralelo al progreso de la felicidad y la moralidad del hombre; más bien, ha sucedido lo contrario: el progreso de las ciencias y las artes ha contribuido a corromper las costumbres y la naturaleza humana, ha uniformado a los hombres y deformado sus sentimientos naturales. En sociedad nadie se muestra tal como es. En las sociedades civilizadas, lo artificial ha sustituido a lo natural, y los rígidos convencionalismos ahogan la libertad. Son sociedades que distorsionan la naturaleza del hombre, encubriendo bajo una falsa máscara su verdadero ser.

2. El estado de naturaleza: el animal humano.

En las teorías contractualistas "el estado den aturaleza" no designa un período real de la historia humana, sino que es, más bien, una hipótesis de trabajo que permite enjuiciar la evolución moral del hombre. Como categoría normativa, permite comprender cómo es el ser humano al margen de los artificios que en él introducen la sociedad y una falsa educación. El mal procede, por tanto, de la civilización, mientras que todo lo que se refiere a la naturaleza humana, considerada en sí misma, es armonioso y bueno.

1.1. Individuo y familia.

En el estado de naturaleza, anterior a la vida social, los seres humanos eran pocos y vagaban libremente por la naturaleza, que les ofrecía cuanto podían necesitar. Los hombres viven aislados, ya que la única comunidad natural es la familia, y solo durante el tiempo que los hijos precisas de sus padres; luego los vínculos familiares se disuelven.

Por lo tanto, l hombre natural, "el buen salvaje", no es por naturaleza sociable, como creía Aristóteles, sino que la sociedad surgirá, más tarde, a partir de un contrato entre los individuos que deciden formarla.

1.2. Autosuficiencia.

Dado que, en tal estado, los hombres no han sido corrompidos por la molicie, los vicios, la esclavitud, ni la vida artificial en general, los seres humanos son, en su mayoría, fuertes, sanos y autosuficientes.

1.3. Igualdad.

En tal estado los hombres son básicamente iguales, ya que las desigualdades que existen se deben únicamente a sus condiciones fjísicas, tales como la edad, la salud, la fuerza o la  habilidad física, etc., que nunca llegana crear grandes diferencias entre un ser humano y otro. A este respecto hay que decir que Rousseau distingue entre desigualdad física o natural y desigualdad política o moral. Esta última es un producto de las convenciones humanas e implica la desigualdad de riqueza, consideración social, rango, etc.

1.4. Predomino del sentimiento sobre la razón.

Es el arquetipo del hombre natural rousseauniano. En el estado de naturaleza, el ser humano es bueno, libre y feliz, busca su autoconservación, guiado por el amor de sí mismo, y colabora con el resto de sus iguales impulsado por la piedad. La sociedad corrompe al hombre natural convirtiéndolo en malo, esclavo e infeliz, dominado por el orgullo y la envidia. Se opone radicalmente al hombre "lobo para el hombre", como Hobbes concibe al hombre natural.

1.5. Predomio del sentimiento sobre la razón.

En estado de naturaleza, los hombres se mueven en virtud de dos pasiones, sentimientos o impulsos básicos, que son:

a) El deseo de autoconservación: amor de sí.

Que le lleva a intentar satisfacer sus escasas necesidades naturales (comida, abrigo, sexo). Este amor de sí lo impulsa a conservar la vida y a buscar su bienestar. Es un sentimiento natural y bueno. Por el contrario, el amor propio es una pasión cultural, social, nacida de la demormación del amor de sí mismo en la sociedad, que empuja al hombre a tratar de ser el primero en todo, fomentando sentimientos negativos, como la envidia y el orgullo.

b) La piedad o compasión por sus semejantes.

Impulso que nace de la capacidad de indetificarse con los demás (y que se observa, incluso, en algunos animales) y que les lleva a colaborar con ellos.

1.6. Libertad natural y perfectibilidad.

Las características señaladas las comparten los seres humanos con otros animales. Hay, no obstante, dos rasgos que les distinguen de cualquier otra especie. Esos rasgos serán los que, finalmente, aparten a los seres humanos del estado de naturaleza haciéndole degenerar en un ser social, en miembro de una comunidad polìtica. Y son:

a) La libertad natural.

Es la capacidad que tienen los seres humanos para elegir lo que quieren hacer al margen de cualquier regla natural. Capacidad que los diferencia de los animales, que son determinados por su instinto siguiendo pautas fijas de comportamiento.

b) La perfectibilidad.

Es la capacidad de autoperfeccionamiento. Capacidad que tienen los seres humanos, tanto a nivel individual como colectivo, de transformar sus vidas. Los animales, por el contrario, no varían su modo de ser a lo largo de sus vidas o a lo largo de la vida de la especie.

1.7. Bondad natural.

La concepción roussoniana del hombre en estado de naturaleza se contrapone a la de Hobbes para quien el el hombre es malo por naturaleza. También se contrapone a la versión bíblica y cristiana del pecado original (que llega, igualmente, a concluir que el mal es consustancial a la naturaleza humana). Rousseau defiende, por el contrario, que el hombre es bueno por naturaleza. O, para ser más exactos, que no es ni bueno ni malo, ya que la moral es un producto social, no natural. Pero el hombre se vuelve malo, se llena de vicios, con la creación de las sociedad humanas, convirtiéndose, entonces, tal como decía Hobbes, en un lobo para el hombre.

2. El estado civil.

Al comienzo de su libro "El contrato social" de 1762, Rousseau insiste en que "aunque el hombre ha nacido libre, por todas partes se encuentra encadenado". ¿Qué hace, por lo tanto, a los seres humanos abandonar el estado de naturaleza y organizarse en sociedades con la creación final de Estados, gobiernos y leyes? El fin del estado de naturaleza se produjo cuando, al aumentar la población y crecer las sociedades, los seres humanos comenzaron a formar sociedades más complejas.

2.1. La supervivencia.

La supervivencia en el estado de naturaleza, en el que los hombres viven libres e independientes buscando medios para subsistir, se hace cada vez más complicada, porque la población aumenta y los recursos escasean, de manera que las fuerzas que posee cada individuo aislado no le permiten mantenerse por sí solo. Entonces los hombres se ven obligados a asciarse, para así multiplicar sus fuerzas y ampliar sus recursos. En un primer momento pudieron descubrir que su unión les proporcionaba ciertas ventajas para defender mejor sus intereses: la uni´n con otros podía, por ejemplo, facilitar la caza, o protegerse mejor frente a los peligros y catástrofes naturales. La costumbre de vivir unidos hizo que se desarrollasen ciertos lazos antes desconocidos: el amor conyugal y paterno, la amistad, los celos, la comparación entre unos y otros, las preferencias, el orgullo, etc.

2.2. La propiedad privada y la desigualdad.

 En un segundo momento se instituyó la propiedad privada, que provocó la transformación del amor a sí mismo en amor propio, una pasión artificial que lleva a los hombres a compararse con los demás y a desear ser los primeros en todo, con lo que se fomentan la envidia y el orgullo. Surgieron así la ambición, la rivalidad económica y la desigualdad social.

Las relaciones del ser humano con la naturaleza fueron sustituidas por el dominio de unos individuos sobre otros, apareciendo el Estado, que, creado por los más poderosos para dominar a los débiles, impone la injusticia y la esclavitud. En estas sociedades artificiales domina la desigualdad y todos los males que ésta trae consigo:

- La opresión de los más por los menos, creando riqueza para unos y miseria para los demás.

- La génesis de las pasiones depravadas, como la am bición, el ansia de honores, el deseo de cosas superfluas.

- La artificiosidad de la vida, en la que los individuos se juzgan por las apariencias, con el triunfo consiguiente de la mentira y la impostura.

- La creación de seres dependientes de los demás.

 2.3. La educación.

Las ciencias y las artes terminan por domesticar al ser humano, usando los artificios y sutilezas de la razón, y mediante la educación eliminan cualquier resto de naturalidad en su comportamiento.

3. El ciudadano.

Llegados a esta situación, ¿cuál es la propuesta de Rousseau?

3.1. Capacidad de autoperfeccionamiento y de reforma.

Para Rousseau, resulta ya imposible retornar a la situación de libertad, igualdad y felicidad del estado de naturaleza. Pero tampoco es deseable. Si la capacidad de autoperfeccionamiento nos llevó, en determinadas circunstancias, a abandonar el estado de naturaleza para producir algo que ha resultado ser peor, esa misma capacidad puede ser ejercida para, aprendiendo de nuestros errores, crear algo mejor. Por eso Rousseau propone reformar las sociedades actuales con el objeto de crear un modo de organización política que permita mantener las ventajas de vivir en sociedad, pero que sea acorde con la naturaleza humana (esto es, que permita conservar la libertad e igualdad de las que gozaba el hombre natural).

3.2. La reforma educativa.

Solo el sentimiento moral, que permanece en el fondo del corazón humano y nos habla a través de la conciencia, le recuerda al hombre la libertad y la bondad naturales que ha perdido y que debe tratar de recuperar. Para recuperarlas en parte es necesario suprimir las barreras que la sociedad y la educación han levantado entre los hombres. El primer paso para esa recuperación es la transformaión del individuo mediante una educación natural, no represiva.

Rousseau propone un sistema ideal de educación basado en la ausencia de toda imposición externa, la libertad de acción para el niño y la primacía de la experiencia sobre la erudición: el niño debe aprender a vivir libremente, conviviendo en tolerancia con los demás seres humanos. Para conseguirlo, hay que liberarlo de los falsos prejuicios y de los conocimientos inútiles que le inculca la sociedad.

3.3. El contrato social.

Para transformar la sociedad es necesario un pacto que propicie y respete la libertad de los hombres y legitime el poder, despojándolo de su carácter arbitrario. Rousseau mantiene que es necesario organizar una sociedad de manera que cada individuo, al asociarse a los demás, se una a todos, pero no se obedezca más que a si mismo, quedando libre como antes.

Para lograr este objetivo, propone una forma de contrato que vincula a la comunidad con el individuo y, a la inversa, al individuo con la comunidad. Asi, cada asociado se une a todos, y no a nadie en particular. Se trata de un contrato libre, que, aunque no permite recuperar por completo la libertad natural, sí garantiza el máximo grado posible de libertad civil, en el marco de un Estado de derecho. Por el contrato social, el hombre se transforma en ciudadano.

Rousseau piensa, como Hobbes y Locke, que una sociedad bien constituida sólo puede basarse en la libre participación de sus miembros, pero rechaza la forma de contrato que ambos establecen. En Hobbes y Locke, el contrato designa el pacto por el que los hombres salen del estado de naturaleza y enajenan o ceden sus derechos al monarca, o al gobierno, respectivamente, renunciando a su libertad. Rousseau rechaza este contrato de enajenación y propone un nuevo modelo de contrato social que protege la libertad de cada individuo, porque se basa en un pacto entre iguales, en el que cada miembro de la sociedad cede su derecho a la libertad a todos sus demás congéneres, abandonando desde ese momento el estado de naturaleza y convirtiéndose en ciudadano.

3.3. La voluntad general.

Cuando cada individuo atiende a su voluntad particular, persigue con egoísmo su propio interés, pero cuando renuncia a haer su libre voluntadf, a favor del colectivo, surge una voluntad general, que supera los intereses del individuo y atiende al bien común.

En Rousseau, la voluntad general no es la voluntad de todos ni la voluntad universal de todos los seres humanos o del conjunto de la humanidad, sino la voluntad de una comunidad determinada, a ser posible con un úmero reducido de ciudadanos, un régimen republicano y sin delegación de poder en ningún monarca absoluto. La voluntad general es la única que puede dirigir el Estado de acuerdo con su fin propio: el bien común. Protege el colectivo de las tendencias que pueda tener un individuo de imponerse a los otros, haciendo que se someta a las leyes que de ella emanan.

La voluntad general pertence a un ser superior a cada uno de los individuos, un ente dotado de un "yo" y una "vida" colectivos, que se denomina "Estado" cuando se considera en sí miso y "Poder" cuando se copara con otros Estados. En la Antigüedad clásica, el Estado coincidía con la "Ciudad" (polis o ciudad-estado) mientras que actualmente hablamos de "República". Sus miembros son los "Ciudadanos", que, unidos, forman el pueblo soberano (aunque considerados en relación con las leyes del Estado los componentes del pueblo son "Súbditos").

Rousseau aclara que el térmimo "ciudadano" no se identifica con quien habita una ciudad cualquiera, sino que se trata de un concepto jurídico: ciudadano es el miembro del Estado surgido del pacto y sujeto de derechos y deberes. De este modo, la libertad no significa otra cosa que someterse a la ley (expresión de la voluntad general del pueblo soberano) y cumplirla.